Renacimiento

Los siglos de oro de Bretaña

En el siglo XV, Bretaña se enriqueció con el comercio del cáñamo y del lino, y ya jamás dejó de comerciar con el mundo entero. Su prosperidad puede apreciarse en las magníficas casas de piedra y en las viviendas de los mercaderes. El apogeo continuó bajo los reinados de Francisco I, Pedro II, Arturo III y Francisco III. En medio de estos hombres, la reina Ana de Bretaña desempeñó un papel esencial a favor de su pueblo.

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El lino y el cáñamo hinchan velas

Los riachuelos y rieras que cruzan Quintin, Vitré, Locronan, Josselin… permitían la confección de lino y de cáñamo. Las telas eran fabricadas por numerosos tejedores a domicilio y acabaron equipando las velas de la flota real, la marina inglesa, la armada española y las colonias americanas. Mientras, en las ciudades se tejía un importante patrimonio arquitectónico. El viento te conducirá durante tu visita.

A Enrique IV le hubiera gustado “ser burgués en Vitré”

Los mercaderes fueron los que sacaron mayores beneficios del comercio de telas. Imprimieron en Vitré ese aire único. En la ciudad amurallada y construida sobre un peñasco, los que se denominaban mercaderes de ultramar construyeron casas con tejados fuertemente inclinados y los primeros palacetes de piedra, así como algunas residencias renacentistas. En Josselin, las propiedades de los nobles pasaron de la madera a la piedra y se codearan con el castillo gótico de Rohan y su elegantísima fachada. Las casas solariegas servían como muestra de prosperidad. En Locronan, uno de los pueblos más bonitos de Francia, estas casas antiguas te permiten entrar en otro universo.

Ana, duquesa y mecenas

¡Qué vida tuvo Ana de Bretaña! Nació en el castillo de Nantes, se casó con el rey Carlos VIII y luego con Luis XII y tuvo nueve hijos. Reinó a los quince años y mantuvo la independencia de Bretaña, contribuyendo así a su esplendor. Fue mecenas de artistas y escritores que esbozaban una identidad bretona. Su hija Claude aportó el ducado como dote a Francisco I, a cambio de privilegios como la exención del pago de la gabela. ¡Bonitas promesas que duraron poco!

¿Lo sabías?

¿Y qué hacía la iglesia mientras…?

La prosperidad también contagió a la iglesia. El gótico flamígero se impuso y las iglesias se iluminaron con magníficos vitrales como en Faouët (en la capilla de Saint Fiacre), Pont L’abbé o Domalain.