Patrimonio
La casa tradicional de Bretaña puede definirse como engullida en el granito, serpenteada de liquen y cubierta de pizarra, con una capilla protectora no demasiado lejos. En las ciudades, las casas medievales de entramados de madera permiten revivir la historia a menudo la protección de unas murallas. La solidez de las fortificaciones se plasma en faros y diques, que renuevan sus antiguos aparejos. Muchos sitios siguen hablando de historia.
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Patrimonio urbano
La solidez de los edificios y el apego de los bretones al patrimonio protegen las callejuelas, los barrios adoquinados de tradiciones en las ciudades declaradas de Arte e Historia y en las Pequeñas Ciudades con Carácter…. el pasado se recorre a pie, se evade en una callejuela de escaleras, se expande por una plaza rodeada de casas medievales de madera o se imbrica detrás de la muralla. Las ciudades siguen vivas y no dejan de abrirse al presente.
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Patrimonio marítimo
El mar está por doquier, como fuente de trabajo o de placer, e impregna el alma bretona. Vuelven al mar los veleros tradicionales en bonitos puertos vigilados por los faros. Estos refugios se codean con Guilvinec o Concarneau, las capitales de la pesca. Más allá, los fórmulas 1 de las olas disputan regatas. Discípulos de Tabarly, Kersauzon o Peuron zarpan de St. Malo para emprender la Competición del Ron o la Lorient-St. Barth.
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Castillos y fortificaciones
Bretaña fue deseada por españoles, ingleses y duques rivales y tuvo que defenderse construyendo murallas, fortalezas y castillos. A menudo se encuentran enclavados en lugares magníficos, como en el Cap Fréhel o en Camaret, porque desde lo alto gozaban de los mejores puestos de vigilancia. Actualmente, estas construcciones son tomadas pacíficamente por los visitantes, cuyo objetivo principal es la ciudad amurallada de Concarneau.
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Patrimonio rural
Para construir casas solariegas y granjas, los bretones primero tuvieron que picar el granito. Esta piedra confiere a los pueblos ese encanto irrepetible y tan propio, a la vez sobrio, macizo y cálido. Fuentes, lavaderos y hornos de pan se multiplican por doquier. Aunque el hábitat tradicional se reconozca a primera vista, depara algunas sorpresas. Y cambia según los materiales disponibles y las zonas.
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Patrimonio religioso
No hay bahía, pedazo de landa o acantilado sin su cruz de piedra, su estatua o su capilla. Los bretones, íntimamente ligados a lo sagrado, no se han hecho de rogar para cubrir la región de monumentos religiosos. Más que las catedrales, lo que impresiona son la multitud de iglesias y la riqueza de los recintos parroquiales. La verdad es que casi 900 santos velan por estos fieles.



