Castillos y fortificaciones
Una vista bien defendida
Bretaña fue deseada por españoles, ingleses y duques rivales y tuvo que defenderse construyendo murallas, fortalezas y castillos. A menudo se encuentran enclavados en lugares magníficos, como en el Cap Fréhel o en Camaret, porque desde lo alto gozaban de los mejores puestos de vigilancia. Actualmente, estas construcciones son tomadas pacíficamente por los visitantes, cuyo objetivo principal es la ciudad amurallada de Concarneau.
En los tiempos de los caballeros
La arquitectura militar se desarrolló entre los siglos XIV y XV. Los castillos ponían a raya al reino de Francia en Fougères y Vitré. En la franja litoral, Dinan, St Malo o Vannes se protegieron tras murallas salpicadas de torres y puertas. Con el tiempo, esa muralla resultó tener otra ventaja: protegió las casas medievales de madera que se hallaban en su interior. En un islote de Concarneau se erigió una impresionante ciudad amurallada surcada por una red de callejuelas. Cerca del Cabo Fréhel, el espectacular Fuerte la Latte eleva su torre maestra a 60 m por encima del mar. Para llegar al camino de ronda que desvela toda la Costa Esmeralda, hay que superar los dos fosos pasando por los puentes levadizos. Entre las marismas y las playas cercanas a Vannes, el castillo de Suscinio presenta una imponente silueta. Cuando los conflictos se calmaron, se convirtió en la residencia de los Duques de Bretaña y, más tarde, de la reina Ana de Bretaña.
La vida en el castillo
El estilo gótico flamígero y un falso camino de ronda confieren esplendor al castillo de Josselin (s. XVI). Más adelante, el Renacimiento marcó castillos y casas solariegas con su refinamiento y sus ventadas con pilares. Después, regresó una cierta severidad, muy militar, que se puede observar en las malouinières, las enormes casas residenciales construidas por los armadores de Saint-Malo.
Gracias, Sr. Vauban
El arquitecto militar Vauban trabajó para la corte de Luis XIV. A él se debe el castillo del Taureau, en la Bahía de Morlaix. También es autor de un buen número de fortificaciones que protegen la ensenada de Brest en la península de Crozon. Cabe destacar la Torre Vauvan en Camaret, clasificada patrimonio mundial de la humanidad. La ciudadela de Port-Louis, concebida por los españoles y corregida por unos discípulos de Vauban, vela sobre Lorient. Con sus bastiones y sus muros, la ciudadela de Belle-Ile es uno de los testimonios más bonitos de la arquitectura militar.
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