Clima

El sol, el viento, las nubes y su juego sin fin

La idea de una Bretaña eternamente lluviosa ha vertido mucha tinta. Sin exagerar ni decir que hace tanto calor como en el sur, el clima es mucho más agradable de lo que cuentan. Es oceánico, suave y declinado en múltiples microclimas. Las mareas y el viento hacen que los cielos cambien continuamente y que se den varias estaciones en un mismo día, pero también ofrecen un espectáculo de nubes y luces maravilloso.

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Cuando la corriente del golfo hace crecer las palmeras

El poeta Prévert escribió “Llovía sin cesar sobre Brest…”. ¿Pero escribir no es siempre una exageración de la realidad? Si eso fuera cierto, cómo sería posible que crezcan palmeras y cactus entre la arena y las aulagas. La corriente del Golfo permite que Bretaña goce de un clima oceánico, suave y cambiante. El invierno es agradable y la primavera precoz. Se cuenta una media de más de 2.000 horas de sol al año entre Lorient y Pornic.

Cuatro estaciones en un día

La influencia de la marea y la posición de Bretaña respecto al frente polar hacen que el tiempo cambie con muchísima rapidez. En unas horas, un sol cegador te hace olvidar las nubes pasajeras. Total: mejor llevar siempre un jersey y un impermeable cortavientos en la mochila.

Microclimas

Los habitantes de Morbihan afirman que siempre hace sol en el Golfo. El capitán del barco que va a las islas de Les Glénan aconseja siempre llevar crema protectora solar cuando el cielo está cerrado en Bénodet, de donde zarpa. Y tiene razón. Las mareas y las brisas marinas forman microclimas de pocos kilómetros. En verano, los microclimas suelen proteger de la lluvia las islas y las penínsulas.

¡Viva el viento!

El viento, que aquí es frecuente y a menudo fuerte, es muy beneficioso. Hincha las velas de los barcos, hace girar los molinos de viento, limpia el aire… El viento suroît conjura el famoso chirimiri local: el crachin. Y al revés, el noroît acompaña a veces el grain (lluvia y hasta granizo). 

La luz, un tocado natural

Los cielos desprenden luz, incluso en los días grises. Ya se trate de rayos poderosos que atraviesan los cumulonimbos, de una capa plateada sobre la espuma de las olas, de un pincel misterioso sobre la vegetación…Aquí la luz impresiona siempre por sus matices intangibles, fugaces y mágicos.

¿Lo sabías?

¿Quién dijo…?

Desde siempre fotógrafos y pintores han caído rendidos ante la paleta de colores bretones: A Matisse le seducían las “luces plateadas” y los “cielos nacarados” y Gauguin afirmaba no haber “conocido nunca una variedad de colores tan delicada”.

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