Hechos y cifras

Tierra de contrastes

Bretaña sorprende siempre: puede parecer agreste pero es amable y abierta a muchísimas influencias, parece apegada a sus tradiciones pero se mueve con comodidad en un mundo de innovaciones, parece tener los pies bien anclados al suelo pero cree en sus sueños. Y todo ello no sólo se ve en sus construcciones antiguas o en el uso de nuevas tecnologías, sino sobre todo en sus habitantes.

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¡Bienvenido!

Bretaña posee un gran potencial de simpatía que contribuye a su atractivo económico y a su turismo. Es el primer destino francés de estancias en el mar y de actividades náuticas. Su talento creativo ha transformado el Festival Intercelta o les Vieilles Charrues en acontecimientos de primera magnitud.

Pasión por la aventura

Surcouf, Cartier o la familia Terre-Neuvas fueron mercaderes del textil que mostraron hace muchísimo tiempo el sentido de la aventura de los bretones. Estos pioneros sabían que la aventura se construye a partes iguales de humanidad y adelantos. Eso fue lo que inspiró a Fulgence Bienvenüe cuando construyó el metro de París o a Vincent Bolloré y a François Pinault cuando dio una nueva dimensión a los oficios de su familia: el papel y la madera. Y si hablamos del mar hay que saber que Bretaña es la tercera región francesa en cuanto a actividad naval. Su industria náutica inspirada en Tabarly, Kersayzon y un sinfín de navegantes excepcionales, se basa en la innovación.

Una cultura compartida del éxito

Los conocimientos tradicionales han evolucionado para ocupar un papel líder. Bretaña se encuentra a la cabeza en cuanto a producción agrícola, pesca, cultivo de moluscos y en el sector agroalimentario. Los profesionales suelen avanzar juntos en forma de cooperativas u otras formas comunes que dan valor añadido a sus producciones. Así se desarrolla el sector biológico o las denominaciones de origen de los moluscos. Con esa misma óptica se creó la marca “Producido en Bretaña” para dar relieve a la producción local.

Del alga al microprocesador

Bretaña es el mascarón de proa de la tecnología punta desde 1959. Y lo es gracias a su excelente nivel escolar y universitario. Existe una gran red de empresas que ha permitido que esta región se convierta en el segundo foco francés de telecomunicaciones. Asimismo cuenta con 4 polos de competitividad: las tecnologías de la información, el mar, el sector agroalimentario y el automóvil. Además, dispone de cierta ventaja en biotecnología marina: la cosmética azul y verde.

¿Lo sabías?

¿Las fresas de Plougastel?

La historia de la fresa de Plougastel es particular: el explorador Amadeo Frézier la trajo de Chile en 1740. Desde entonces el jardín botánico de Brest favorece su cultivo, el enlace ferroviario París-Brest lo desarrolla y, por último, innovadoras formas de producción y una nueva variedad (la Freizh) están relanzando la producción.

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