Paisajes

Vistas mar-avillosas

El paisaje cambia a cada momento. Es sorprendente. Alterna la suavidad, con la pasión, la fuerza con la fragilidad. En la costa, los escarpados acantilados dejan paso a las curvas redondeadas de las dunas. Cuando la romántica landa se inclina hacia los valles, se teje de paisajes suaves de interior. Es tentador dividir los paisajes entre costeros y rurales, pero cuando las bahías y las rías mezclan íntimamente la tierra con el mar eso es una...

El paisaje cambia a cada momento. Es sorprendente. Alterna la suavidad, con la pasión, la fuerza con la fragilidad. En la costa, los escarpados acantilados dejan paso a las curvas redondeadas de las dunas. Cuando la romántica landa se inclina hacia los valles, se teje de paisajes suaves de interior. Es tentador dividir los paisajes entre costeros y rurales, pero cuando las bahías y las rías mezclan íntimamente la tierra con el mar eso es una quimera.

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El vértigo del mar

Una punta arrogante, rocas escarpadas que vomitan espuma. Esa es la imagen típica de Bretaña. Hay que decir que los acantilados conocen aquí una densidad y unas dimensiones extraordinarias. En el cabo de la Chèvre se yerguen a 100 m sobre el nivel del mar. En el Oeste, a menudo los acantilados forman plataformas y diseminan escollos ante ellos.

Las bahías o el cambio perpetuo

Es inútil describir una bahía o una ría porque cambia dos veces al día. Con la marea alta lo que es un pequeño mar, con la baja se convierte en una plataforma lunar, jalonada de rocas y de algas. Los reflejos de su superficie son un cuadro cambiante, que explota de colores con el crepúsculo.

Felicidad en el horizonte

Arena blanca acariciada por un mar tranparente, conchas nacaradas… ¿Una playa tropical? No, una duna bretona. El barrón, que fija la arena de la duna, conserva su ondulante silueta a la vez que permite el crecimiento de algunas plantas como el cardo de mar y la campanilla de las dunas. Tendido en estas extensiones de arena, la sensación de libertad es muy intensa. Una felicidad que puede saborearse en la Bahía de Audierne, en las dunas de Erdeven o en Keramma.

La landa cultiva sus misterios

Sin duda las landas son el paisaje más misterioso. De entre esta vegetación de media altura suelen sobresalir crestas rocosas. Quizá para poder observar mejor las comadrejas y los cernícalos. La landa de los Montes de Arrée o del litoral es original, en cambio la de Lanvaux o de Paimpont es fruto del trabajo de los campesinos. Desde las alturas, los puntos de observación sorprenden por sus vistas.

De verde teñido de azul

La fusión es tal entre los universos que los robles parecen echar raíces en la cuenca de las rías. O que las alcachofas crezcan en el mar. La actividad humana ha limitado el bosque a zonas dispersas, dignamente representadas por Paimpont o Huelgoat. Caos rocosos se iluminan bajo los rayos de luz filtrados entre los montes altos. El bocage, ese paisaje de interior modulado por el tiempo y el hombre, mancha los campos con unas pinceladas de bosque y se ha conservado en valles como el del Aulne.

¿Lo sabías?

¿Qué altura alcanza la marea?

La diferencia entre la alta y la bajamar en la Bahía del Mont Saint-Michel es 16m: la segunda en el mundo. Es natural que emocione a tantos visitantes.

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