Islas y penínsulas
-
Gavrinis
El viaje al neolítico empieza en Larmor-Baden, Port-Navalo o Locmariaquer, cuando el barco zarpa del continente en dirección a la isla de Gavrinis. Es uno de los yacimientos de megalitos más bonitos del mundo según dicen los expertos. No solo colma cualquier curiosidad sobre la Prehistoria. También desvela alguno de sus secretos.
-
La isla Tudy y Sainte-Marine
Bienvenido al Bigouden. La preciosa isla de Tudy se halla frente a Loctudy y su encantador puertecito dedicado a la pesca de langostinos. En la isla te esperan callejuelas estrechas, típicas casitas bajas construidas de espaldas al mar y una playa de tres kilómetros. Es un agradable destino turístico con una perla escondida entre árboles y flores: el puerto de Sainte-Marine.
-
La abadia de Daoulas y la península de Plougastel
Las fresas de Plougastel son famosas por su sabor. Crecen en este bonito rincón de la bahía de Brest, junto a un magnífico calvario, las capillas y la abadía de Daoulas. Te sorprenderá el microclima de esta península y la fertilidad de las tierras, ya conocidas como “la huerta de Brest”.
-
Archipiélago de las Glénan
Siete islotes alrededor de un mar interior de aguas transparentes, playas de arena blanca… No, no estamos en las Seychelles. ¡Estamos en Bretaña! Este archipiélago situado ante Concarneau recuerda los paisajes paradisiacos de países tropicales. Es como soñar despierto.
-
Roscoff y la isla de Batz
Roscoff es para no perdérsela. La ciudad fue construida sobre una península abierta a la Mancha, posee casas que construyeron ricos armadores muy ornamentadas, una iglesia gótica flamígera… Te seducirá esta ciudad con puerto y playas. En frente, la isla de Batz y su clima suave invitan al relax.
-
Belle-Ile
No podría llamarse con otro nombre que la describiera mejor: isla bonita, Belle-île. Es un destino de vacaciones que bien merece unos días: playas tranquilas, acantilados espectaculares, puertos coloridos y campos verdes… La isla es una paleta de paisajes.
-
La isla de los Monjes y el Golfo de Morbihan
El golfo de Morbihan (cuyo significado es “mar pequeña”) es realmente bello con sus 42 islas como manchas de vegetación sobre un mar esmeralda. El paisaje es de postal y la suavidad del clima aún más. Para conocer el golfo, lo mejor es empezar por la encantadora isla de los Monjes.
-
El faro de la Isla Virgen y otros
Los faros se alzan junto a las concentraciones de rocas. Forman una guirnalda iluminada que guía a los marineros a buen puerto y a la gente de tierra a soñar con otros lugares. El faro de la isla Vierge es el más alto de Europa. Un título que podrás comprobar poniendo a prueba las piernas.
-
Las Siete Islas
Ante la soberbia costa de Granito Rosa emergen unos pellizcos de continente. En barco podrás conocer este reino poseído por las aves marinas, su incesante baile de alas y gritos multitonales. De hecho, te acompañarán durante un crucero a base de plumas y espuma.
-
Ouessant
¿Estás dispuesto a llegar hasta el final? Entonces, pon rumbo al archipiélago de Ouessant. En el extremo Oeste de Francia, las vacaciones tienen un sabor único y totalmente recuperador. Este collar insular parece irreal: suspendido entre el cielo y el mar y envuelto de salpicaduras marinas. Es una verdadera inmersión iniciática.
-
Isla de Sein
La isla de Sein es promesa de bonitos momentos: de reencuentro con uno mismo en el silencio de una playa de cantos, de reencuentro con la naturaleza en las landas barridas por los vientos, de reencuentro con el calor de los insulares que reciben con alegría a los visitantes desembarcados en los muelles bordeados de casas coloridas…
-
Suscinio y la península de Rhuys
Los duques de Bretaña ya apreciaban esta lengua de tierra y arena que encierra el golfo de Morbihan. Bajo un sol generoso, la península de Rhuys avanza entre marismas y costas rocosas, puertos intimistas y playas suaves. Llegar a Port-Navalo es dejarse sorprender por los contrastes.
-
Bréhat
Separada de tierra por un brazo de mar, Bréhat solo se halla a diez minutos en barco de la punta de Arcouest. Y sin embargo… el cambio es radical: puro relax en esta isla apodada “isla de las flores” por la gran variedad de flora y la belleza de sus paisajes. Un auténtico rincón de paraíso.
-
Isla de Houat y Hoëdic
Tocar el suelo de Houat es una inspiradora bocanada de exotismo, una escapada muy bonita. Desde el puerto de Saint-Gildas, mézclate con los insulares que suben con sus carritos hacia el pueblo. Más allá de las casitas blancas, encontrarás una naturaleza intacta. Unos instantes preciosos que alimentan el espíritu.
-
Isla de Groix
En solo 45 min de travesía llegas a Groisillon, dispuesto a subir las cuestas en bicicleta, a comer con los dedos sardinas asadas y a cantar en un café. En el pueblo de casas bajas o en una cala de aguas claras, comprobarás el proverbio que dice “Quien ve Groix, ve su felicidad”.
-
La península de Quiberon
Al Oeste se despliega una espectacular costa salvaje, mientras que al Este se suceden bonitas playas de arena fina. Así es la península de Quiberon a lo largo de sus 14 km y con una variedad de paisajes que convencen nada más llegar. Es uno de los destinos turísticos de playa más conocidos en Bretaña y también el punto de partida hacia Belle-île, Houat y Hoëdic.
-
El Cabo de la Chèvre
¡Cómo impresionan estos acantilados de casi 100 m de altura en perfecta vertical hasta poner los pies en el mar! Y menudas vistas se divisan desde lo alto: la bahía de Douarnenez y la ensenada de Morgat. El Cabo de la Chèvre es un condensado de Bretaña que mezcla la fuerza y la belleza.




















