El Cabo de la Chèvre
Acantilados gigantescos y paisajes fantásticos
¡Cómo impresionan estos acantilados de casi 100 m de altura en perfecta vertical hasta poner los pies en el mar! Y menudas vistas se divisan desde lo alto: la bahía de Douarnenez y la ensenada de Morgat. El Cabo de la Chèvre es un condensado de Bretaña que mezcla la fuerza y la belleza.
En el extremo Oeste de Finisterre, en la península de Crozon, el Cabo de la Chèvre ofrece unas vistas para cortar el aliento. Los paisajes no dejan de cambiar y pasan del azul intenso del mar al blanco impoluto de los acantilados. Para comprender la dimensión de este lugar mágico, lo más sencillo es visitarlo a pie. La ruta sigue el acantilado y luego se convierte en un camino costero que avanza entre la landa, el brezo y los pinos para terminar en un observatorio impresionante. Mejor visitarlo fuera de temporada o por la mañana temprano para captar el lado salvaje de este lugar.
¡A caminar!
A quien le guste caminar, dar una vuelta por el Cabo de la Chèvre es un lugar inigualable en la zona. Calcula un día a buena marcha por el sendero balizado en rojo y blanco y regreso por la landa (marcas amarillas) para llegar de Morgat al castillo de Dinan. Los lugares que no hay que perderse son la punta de Saint-Hernot (o Isla Vierge) la ensenada de Saint-Nicolas en la costa Oeste o la magnífica ensenada de Porz-Crequen y el promontorio que domina la playa de la Palue, en la costa Este.
¡Abre bien los ojos!
En verano, desde el puerto de Morgat zarpan barcos para explicar las leyendas de las grutas del cabo. En la salida se visita la gruta del altar, de 80 m de profundidad o la suntuosa ensenada de la isla Vierge. Una mirada nueva a esta lugar mágico.




