El faro de la Isla Virgen y otros
Guardianes con chispa
Los faros se alzan junto a las concentraciones de rocas. Forman una guirnalda iluminada que guía a los marineros a buen puerto y a la gente de tierra a soñar con otros lugares. El faro de la isla Vierge es el más alto de Europa. Un título que podrás comprobar poniendo a prueba las piernas.
La ruta de los Faros
Cerca del Aber Wrach, el faro de la Vierge se yergue sobre un islote accesible a pie con la marea baja o con el barquito turístico que zarpa del puerto de Lilia. Fue construido a finales del siglo XIX y en la actualidad es el último faro habitado de Bretaña. Desde Brignognan hasta Ouessant, estas torres de luz son indispensables para los navíos que cruzan el canal de la Mancha y emprenden la peligrosa ruta de Ouessant. Muchos son legendarios como el Ar Men, Kéréon o el Jument.
El más alto
El faro de la isla Vierge se eleva a 82,50 m. Es todo un record. Dentro de su huso de piedra gira una escalera de caracol suspendida, forrada con opalina para protegerla de la humedad. Desde lo alto, la panorámica es espectacular y está bien merecida porque hay que subir 397 escalones.
Vistas al mar
Entre el Atlántico y La Mancha, el faro de Trézien tiene sus pies en tierra, a 500 m de la orilla, lo que lo convierte en un auténtico paraíso. Se denominan “paraíso” las torres con los pies en tierra firme, “purgatorios” las de las islas e “infiernos” las del mar. Con sus 37 m de altura ofrece vistas excepcionales. Otro faro que se encuentra en tierra y también puede visitarse es el de la punta de Saint-Mathieu, que parece erguirse entre las ruinas de la abadía para dominar la ensenada de Brest.
“Infiernos” magníficos
Los faros erigidos en el mar exigieron esfuerzos titánicos. Se tardó 21 años en construir el faro de Armen. Muchos peligros amenazaron la construcción del Jument, situado en una zona muy peligrosa cerca de Ouessant. El interior de Kéréon está muy trabajado: parqué de haya, mosaico y marquetería, parece un palacio.
Un lux enorme
El faro de Créach’h (Ouessant) es uno de los más potentes del mundo y se ve a 60 km. Se le reconoce por su pintura negra y blanca, su silueta cilíndrica y su altura (74,60 m). Para consolarse de no poder visitar este gigante, está la sala de máquinas que repasa la historia de los faros.




