Cabo Sizun
¿Qué más se puede pedir?
Un farito plantado en una punta de la landa, una casa blanca sobre un peñasco, una capilla que se asoma como un punto de vigilancia marítima… Una incursión por la costa del cabo Sizun permite embriagarse de una Bretaña colorida y alejada de los senderos batidos.
¿Principio o final?
Al Oeste de Douarnenez y Audierne, empieza Finisterre y su interminable sucesión de cabos y promontorios que se enfrentan al océano. Solo las aves consiguen posarse en los acantilados. Es un litoral muy bonito, digno de ser admirado antes de dirigirse a las puntas del Raz y del Van. Otros horizontes más pacíficos invitan conocer las tierras de interior y su patrimonio arquitectónico.
Cabos, playas, puertos y enigmas
La punta del Millier, la punta de Beuzec y la punta de Brézellec son otros parajes inolvidables, lugares para pasear, enigmáticos, que se abren al cabo de la Chèvre y a la península de Crozon. Para completar este cuadro lleno de sorpresas, irrumpen las minúsculas playas de arena y los puertos escondidos en valles de piedra, disimulados entre las orillas más altas de Armórica.
¡Un paisaje que da alas!
Este paisaje turbulento parece ser del agrado de miles de aves que se reúnen en la reserva ornitológica del cabo Sizun, una de las más importantes de Bretaña. En una costa grandiosa y salvaje, a 70 m por encima del agua, podrás observar gaviotas tridáctilas, araos o fulmares boreales desde los caminos marcados. Para tener vistas de águila, utiliza los prismáticos del recorrido o alquila unos gemelos en la entrada.
¡Superplacentero!
¿Tienes ganas de campo y de encuentros? En el cruce de las carreteras secundarias, a menudo verás conjuntos de casas antiguas reunidas alrededor de una casa solariega o un molino. En la orilla del río Goyen, Pont-Croix conserva un bonito patrimonio medieval perpetuado en ferias florecientes. Es un alto agradable en una pequeña ciudad con carácter.




