Grand-Lieu
Un gigante acuático y ornitológico
El Lago del Grand Lieu es el mayor lago natural de llanura de Francia y, a pesar de ello, continúa siendo un lugar casi secreto. Hay que decir que yace escondido detrás de múltiples hileras de árboles y vides. Solo se accede a esta joya natural tan excepcional a través de discretos accesos. Este lugar goza de tanta biodiversidad como la Camarga.
Aromas protectores
A 14 km de Nantes, el Lago de Grand Lieu es alimentado por los ríos Ognon y Boulogne. Se comunica con el Loira a través del Acheneau. Con una extensión de 6.300 ha, se limita a profundidades de 1 a 2 m. Para ser honestos, solo en invierno alcanza esta superficie máxima. En verano, le bastan con 800 ha. Fue declarado reserva natural en 1980 después de que su propietario, el perfumero Guerlain, lo donara al Estado francés con la condición de que fuera un lugar protegido y que se persiguiera la pesca comercial.
Un paraíso para las aves
La topografía del lago evoluciona sin cesar y mueve las islas flotantes entre sauces llorones y cañizares, así como las alfombras de nenúfares blancos y amarillos. Es un trajín continuo que favorece la reproducción y la alimentación de las aves. Unas 250 especies acuden a este lugar. La garza blanca y la espátula común, muy raras en Francia, lo han convertido en su hogar. También puede observarse el gran cormorán, la garceta común, el martinete común… y hasta el exótico ibis sagrado. Impresionantes colonias de garzas reales (800 parejas) y ánades (20.000 en invierno) sobrevuelan Grand Lieu. Sube al observatorio de la Chevrolière o a Pierre-Aiguës en Saint-Aignan para verlos en condiciones privilegiadas.
Pesca muy protegida
Para plantar la caña, una nansa o una red en el lago hay que vivir en un municipio del lago y ser hijo o nieto de pescador. Solo unos diez profesionales tienen permiso para pescar anguilas, lucios, percas o gobios. La fiesta de los pescadores (15 de agosto) permite salir en barca y asistir a una demostración de pesca con red tradicional.
No te hagas de rogar…
A orillas del lago, la abadía de Saint-Philbert permite vagabundear por la iglesia carolingia del siglo IX, por una nao que mezcla tradición antigua e influencia bizantina, por un jardín medieval que cultiva un herbario de plantas medicinales.




