La Bahía de Saint-Brieuc
Una concatenación de belleza sin fin
La continua alternancia de luces y colores vibrando al ritmo de las mareas es sencillamente mágica. Con la punta del Roselier como eterno vigía, la Bahía de Saint-Brieuc es como un hermoso escote entre la tierra y el mar que se extiende hasta el puerto de Légué. Acantilados, puertos, dunas y landas van bordando el litoral con sus embrujos náuticos, contemplativos, deportivos y gastronómicos.
Un travelling sin interrupción
Con la nariz al viento cargado de yodo y los ojos anclados en el horizonte brillante, los encantos de la bahía se descubren con los pies en el suelo. El Sendero de los Aduaneros (GR34) otea un paraje seductor a más no poder, que despliega un manto verde infinito entre panorámicas que cortan el aliento. El soplo del océano se hace sentir en los elevados acantilados de la Punta de Pordic o de Roseliers. En cambio, emanan paz las dunas del Bon Abri, la Ensenada de los Monjes o la extensa playa de aguas turquesa de las Rosaires.
Las mareas más importantes
Aquí se puede caminar sobre el agua… con la marea baja. En esta Bahía, que ocupa el 5º puesto mundial en amplitud de mareas, el mar se retira a más de 7 km, liberando un mundo lleno de vida y deja al aire un fantástico terreno para los mariscadores. En este espacio fascinante surgen curiosos campos de postes de madera en la punta des Guettes donde se crían sus sabrosos mejillones. Entre prados salados, rocas, viveros de mejillones y arena, prosperan en total tranquilidad una interesante fauna y una significativa flora locales. En la Reserva Natural, la mayor de Bretaña, pueden observarse 112 especies de aves. Desde la Maison de la Baie (la Casa de la Bahía), recovecada en el promontorio de Hillion, se percibe a la perfección el particular equilibrio de este paraje.
Llegas a buen puerto para saborear vieiras
La joya natural de la bahía es este molusco. Entre noviembre y abril, la vieira convierte a Erquy y Saint-Quay-Portrieux en un hervidero de actividad. Delicada y nacarada, es la estrella de los muelles, de la subasta… y de los platos. Seguir su recorrido desde el mar a la mesa es un viaje original.
Binic y Etables-sur-Mer disfrutan de otros nexos íntimos entre el hombre y el mar: su pasado navega entre los puertos de Terranova y el embrujo balneario de sus residencias. El puerto de Légué, protegido al fondo de un estuario, está bordeado de casas de armadores del siglo XVIII.
Todas estas localidades permiten disfrutar de bonitas escalas entre la historia y el placer de disfrutar de la playa.
«Mehires» con los pies en el agua
El granito, la tierra, los ríos y el mar van cincelando la bahía, esculpiendo las landas y los valles boscosos. Enmarcados entre orillas escarpadas, los Caos del Gouët remojan sus impresionantes formaciones rocosas en el lecho del río. Existe un sendero de 4,5 km donde el agua susurra entre la vegetación. Y si quieres un paseo protegido por la sombra, el valle de Vau Madec desfila hasta el litoral. Del verde musgo al azul ultramar, de los perfumes del sotobosque a la sal de los cestos de los pescadores… seguro que encuentras con qué saciar todos los sentidos.

Imprescindible



