Landevennec

Un perfume de otros lares

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¡Qué felicidad llegar a ese dulce oasis! La serenidad que destila este rincón de tierra bañado por el último meandro del río Aulne invita a la meditación. No sorprende pues que los benedictinos y san Guénolé quedaran prendados de los encantos de esta tierra, complementados por una vegetación prácticamente mediterránea.

Entre el cielo, la tierra y el agua

En un extremo de la ensenada de Brest, en la desembocadura del río Aulne, Landévennec se yergue sobre un peñón. Esta ciudad adorable se alarga con la antigua abadía del siglo XVII, rodeada de árboles, desde donde se disfruta de unas vistas magníficas a los meandros voluptuosos del río, a la isla de Ténérez y al romántico cementerio de barcos. Situada en la puerta de la península de Crozon, protegida de los vientos dominantes, Landévennec goza de un clima particularmente suave.

Bendecida por la naturaleza

Este rincón paradisiaco fue elegido por san Guénolé para fundar hacia el año 485 el santuario bretón más antiguo. De aquellos edificios, repetidas veces remozados, se conservan impresionantes vestigios de los siglos XI y XII: muros altos, bases de pilares y restos de la nao. La importancia de la abadía fue decisiva para extender la fe cristiana. Pero los normandos en 913 y, después, la Revolución acabaron con este refugio monacal. Aquí se halla el museo de la Antigua Abadía que recorre su historia con exposiciones y animaciones sobre la construcción de Bretaña.

En 1958, los benedictinos descubrieron la tranquilidad de Landévennec en un nuevo monasterio, construido con piedra tallada de Logona, a 500 m del antiguo. Fieles a los preceptos de san Benito, realizan diversas actividades desde la huerta a la recepción de visitantes.

Un jardín extraordinario

Desde el parque de la abadía surgen por doquier aromas de sol, sorprendentes en estas latitudes: cipreses de Lawson, palmeras y laureles crecen en este microclima excepcional. Higueras, mimosas y camelias también florecen en los rincones de los senderos.

¿Lo sabías?

¿Te harás de rogar para comer una pasta de fruta?

La abadía acepta visitantes para hacer retiros, pero si prefieres alimento terrenal, puedes satisfacerte con la pasta de fruta que preparan los monjes.