La bahía de La Baule

Siempre hermosa, en azul celeste o en verde pradera

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Incluida en el club de las bahías más bellas del mundo, La Baule debe su nombre a su playa, una de las más largas de Europa. De Pornichet al Pouliguen, se extiende a lo largo de 9 km. En lo que respecta a su elegante imagen, la bahía se la debe a sus hoteles prestigiosos, a sus casas históricas y al estilo de sus actividades.

De una playa a la otra, por la explanada y los senderos

La estrella indiscutible es la gran playa de La Baule. Sus finas arenas forman un arco de círculo abierto al océano. Resulta agradable recorrerla con los pies en el agua; reúne a los primos en los clubes de playa, invita al baño en un mar tranquilo y, con la marea baja, ofrece amplios espacios de juego. Por la explanada desfilan los paseantes con ropa de estilo marinero, los corredores conectados a sus teléfonos inteligentes y los ciclistas con el cabello al viento.
Más discretas, las calas se suceden detrás de los puertos del Pouliguen y de Pornichet. El sendero costero permite descubrir playas para bañistas de toda la vida, como la de Bonne-Source.

Soplan nuevas ideas inspiradas por los amantes de la vela

Los puertos que enmarcan La Baule confirman la vocación náutica de este centro turístico. Las velas de colores surcan el horizonte porque la bahía es ideal para iniciarse en los placeres de la vela ligera, como lo hicieron los hermanos Peyron o Pajot. El kite-surf, el surf y el Stand-up Paddle multiplican las sensaciones al deslizarse. Para que la práctica siga siendo un placer, los clubes que se encuentran en la arena o en los embarcaderos ofrecen cursos, cursillos y excursiones.

Casas anidadas entre los pinos

Más allá de la primera línea de mar el decorado cambia. Desde hace casi 150 años y con la llegada del ferrocarril a La Baule, las casas se esconden entre los pinos. Siempre sirven de marco a los grandes reencuentros estivales. Sus gabletes labrados, sus grandes ventanales y sus frisos de mosaicos retratan las distintas épocas del estilo balneario. Un paseo a la sombra de los pinos o un circuito con guía a Pornichet, desde Ker Souveraine a los Farfadets, nos desvelan sus encantos y su historia.

Arte de vivir en todas las actividades

A cualquier hora, el relajamiento se expresa con elegancia. Esto se aprecia en los galopes matinales de los caballos, en las terrazas de los restaurantes de playa, en las sesiones de talasoterapia o en las noches en el casino. Se disfruta igualmente en la lonja de Pornichet o en el mercado de La Baule, y también en  Manuel, para degustar sus famosos Niniches. Algo más popular, el aperitivo se comparte de pie en el Bidule, antes de sentarse a una mesa de buena reputación.

¿Lo sabía?

De La Baule de las dunas a La Baule de los pinos

Érase una vez una bahía de La Baule sin brillo, invadida por dunas húmedas. Afortunadamente, en el año 1849 un armador de Nantes tuvo la idea de plantar pinos para estabilizar el suelo. Las casas sacaron provecho de los pinares: ¡había nacido el balneario de La Baule!

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