Le Château du Taureau

Fuerte marítimo y emociones en la bahía de Morlaix

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Rodeado de un agua turquesa y esmeralda, el Castillo del Taureau es una joya sólidamente vinculada a la bahía de Morlaix. La llegada en barco es un momento lleno de magia. Un fuerte en el que se puede atracar para aprender historia, ver la belleza natural de la bahía o disfrutar del placer de acceder a un patrimonio único. 

Embarque inmediato en una nave de piedra

Desde Carantec o Plougasnou, una corta travesía entre los islotes de la bahía le llevarán al pie de la fortaleza de granito dorado. Las murallas, fielmente restauradas, resultan imponentes, pero con un ambiente pacífico. Todos los visitantes pueden recorrer libremente las pasarelas, descubrir el puente levadizo y las casamatas, y apreciar las vistas de la costa y el oleaje desde las terrazas. El panorama se extiende por la bahía, con la isla de Louët en primer plano. Entre abril y septiembre, los únicos límites que hay que respetar son los horarios de las lanchas, que se planifican en función de las mareas. Para que la conquista del castillo resulte aún más emocionante, podrá acercarse en velero o en kayak, siguiendo un plan que permite un acceso privilegiado a las embarcaciones pequeñas.

Un castillo que combina naturaleza y cultura

Ya en el monumento, podrá recorrer la historia o entrar en sus leyendas, siguiendo la estela de un guía. Hay algunas fechas reservadas para animaciones teatrales o narraciones en un decorado creado por Vauban y el mar. En este lugar, repleto de autenticidad, todavía parecen resonar los cañonazos. Las salidas ornitológicas transforman el castillo en un observatorio excepcional. Con o sin picnic, estos momentos se saborean con los perfumes marinos.

Recuerdos grabados en la piedra

Las murallas y los elementos de artillería narran las múltiples vidas del castillo. Erigido en el siglo XVI para proteger Morlaix de las incursiones inglesas, el fuerte fue renovado por Vauban en el siglo XVIII. Se convirtió en una austera prisión y, posteriormente, en una original residencia, antes de acoger una base de actividades náuticas de ocio. Su esmerada restauración le ha devuelto su carta de nobleza e invita a compartir un poco de la aventura marítima de Bretaña.

¿Lo sabía?

¿Quién ocupó el Castillo del Taureau?

Cuando era una prisión, el castillo “acogió” a aristócratas a petición de sus familias para evitar el deshonor. Durante la Revolución, allí se retuvo a nobles con ideas demasiado grandes, a girondinos y jacobinos. Louise de Vilmorin fue una fiel inquilina del monumento cuando se convirtió en residencia secundaria.

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