Felicidad gastronómica en la Bahía de Cancale

¿Apetece un picnic a bordo de un viejo navío?

Foto 1 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 2 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 3 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 4 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 5 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 6 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 7 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 8 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale Foto 9 Bonheurs gourmands dans la baie de Cancale

Cancale te invita a pasar un día inolvidable con desayuno al aire libre en la punta de Grouvin, seguido de un magnífico paseo en un velero antiguo, el An Durzunel, y así conocer todas las bellezas escondidas de la bahía. Serán tres horas inolvidables de navegación y degustación de productos del mar…

Pointe du Grouin

¡ El desayuno es sagrado! Sobre todo si es frente a la inmensidad del mar y ante el baile de las aves. Desde la punta de Grouvin, con el viento contra el rostro, disfrutarás de una vista panorámica inmensa que abarca desde el Cabo Fréhel hasta la bahía del Mont Saint-Michel. «A lo lejos, en los días despejados hasta se ve la silueta de Jersey», nos cuenta Grégoire, nuestro guía. Vamos a sentarnos para desayunar en abundancia en una mesa de orientación… y quizá hasta nos vengan ganas de tumbarnos al sol sobre las rocas… pero nos está esperando otra aventura.

¡A bordo del An Durzunel !

A bord de l'An Durzunel, Cancale

Ponemos rumbo a Port-Mer donde aguarda Jérôme, un viejo lobo de mar de pelo rubio y piel curtida. Hoy, nosotros seremos su tripulación. Embarque inmediato en el An Durzunel y a halar las velas. Nuestro capitán por un día nos explica con paciencia el funcionamiento de las velas. ¡Y ya estamos zarpando! Durante tres horas la gran vela marrón se elevará hacia el cielo azul gracias a la fuerza de los brazos. El sol se refleja sobre el mar verde esmeralda. Ganamos velocidad. El mar está ligeramente movido y el viento nos golpea el rostro. Las salpicaduras repentinas nos hacen despertar. ¡Cómo revigorizan! Vamos al abordaje de tierras inexploradas.

Sujeta el timón...

a bord du vieux gréement

«¿Preparados para virar?», exclama el marinero. Y todos los tripulantes se arremangan. ¡Izad las velas! ¡Izad! Y todos tiran del cabo para enrollarlo. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas… Es trabajo de músculos. Pero lo hemos conseguido. ¡Formamos una buena tripulación! Y luego, por turnos, todos llevaremos el timón. No es poco el orgullo que produce estar al timón de esta bonita embarcación.

Cancale vista desde el océano

Cancale vue du large

Las bellezas escondidas de la bahía van desplegándose ante nuestros ojos: el peñasco de Cancal donde viven las garcetas, gaviotas, cormoranes, ostreros…; la isla de Rimains; el faro de Herpin que marca la entrada a la bahía del Monte Saint-Michel… Qué fácil es dejarse mecer por el mar y el viento. Después, el capitán ordenará tirar el ancla para hacer un picnic a bordo. Los productos regionales nos alegrarán el paladar: ostras, pan de algas, mantequilla sala, pescado y la famosa torta Kouing Amann. Todo ello acompañado con un delicioso vino muscadet bien frío. ¡No hay duda: esto es la felicidad!

Texto: Solenne Durox