Sentir la vela en el archipiélago de Bréhat con el océano como compañero

Iníciate en el mundo del catamarán

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En el mar de Goëlo, Étienne, un skipper experimentado y apasionado, te acoge en su catamarán para sentir la vela a tamaño natural. Una bonita lección náutica en un paisaje marino cincelado por las mareas.

Bienvenido a bordo del Emae

Sensations voile au large de l' archipel de Bréhat

Dos cascos laterales, un amplio puente y un trampolín… No me cuesta nada identificar el barco blanco de Étienne  en el puerto de Paimpol. Es la primera que subo a bordo de este mítico velero de regatas. Estoy entusiasmado. Y además sin arruinarme. «Bienvenido a bordo del catamarán Emae». Sonrío porque Étienne no tiene nada de viejo lobo de mar: es un joven skipper que se siente muy a gusto con sus zapatillas marineras. Pongo un pie en el trampolín (la red que cubre la distancia entre los dos patines) y luego en el puente. «Es estable». Una sorpresa para Léna, una estudiante canadiense, que nos acompaña. Guy, un marinero experimentado, ya está a bordo a cargo de la caña (el timón).

Tras la esclusa, el “camino”

Sensations voile au large de l'archipel de Bréhat

La marea está subiendo y nos dirigimos hacia la esclusa al ritmo de los barcos de recreo y las barcas de los ostricultores. Descubro con Étienne el código de buenas maneras: « Dar prioridad a los pescadores que están faenando ». Con suma amabilidad, nuestro skipper deja pasar a dos abuelos poco hábiles. El barco está amarrado a las cuerdas de la esclusa. Descendemos bajo el nivel del puerto. ¡ Es sorprendente ! Étienne  nos aconseja que nos cubramos. Ahora entiendo la razón: cuando se abre la puerta de madera que da al océano se libera mucho aire fresco impregnado de sal. La brisa me abre la mirada al océano. ¿ Cómo ? ¿ Que el mar tiene un teleférico ? ¿ El chenal ? Pues sí, así se llama un camino de mar balizado que seguimos con el motor. Me muero por izar las velas…

Vela y placer

Sensations voile au large de l'archipel de Bréhat

« Un día muy bonito. Mar en calma y viento del norte ».  ¿ Adónde vamos ? Étienne nos explica que con el catamarán el marinero debe adaptar su camino a los vientos y hoy son muy cambiantes. Avanzaremos al compás del viento. Es una idea que me encanta. Me muestra su referencia visual: un trozo de tejido que vibra por el viento en el obenque. Qué sencillo. «¿Izamos la mayor?». Una palabra mágica y todo un motivo de estremecimiento para mí: Étienne me invita a sujetar la driza mientras él iza la vela. Hay que tener las piernas ligeramente dobladas. Es un juego de niños para él. Y me doy cuenta de que su barco está equipado para facilitar las maniobras. Para mí todo es comodidad. Repaso junto a este joven capitán pedagogo mis rudimentos sobre los veleros. Si la vela se vacía, hay que virar a babor. Cuidado con la cabeza: la botavara está virando. Sacamos la menor y después el gennaker. Esta es la que más me gusta: redonda y azul… ¡Qué efecto! Además adquirimos velocidad. Estoy sintiendo una grandiosa sensación de velocidad. Étienne maniobra el barco con agilidad. No sé si será su experiencia o el catamarán. Ambos sin duda. «El barco responde rápidamente a la maniobra». No hace falta ser un lobo de mar para salir con un catamarán.

El mar, un territorio para compartir

Sensations voile au large de l'archipel de Bréhat

Ha bajado la marea. ¿ Qué hay bajo nuestra quilla ? Étienne me muestra dos palos que surgen del mar. ¡Es un parque de ostras ! A babor veo las boyas y las artes de los pescadores. El mar es un territorio para compartir. Étienne me marca en la carta el archipiélago de Bréhat, su miríada de islas y sus hileras de rocas. A estribor, la mar está más oscura: es la mar de fondo. Me doy cuenta de que hay que ser un buen marinero para navegar. Le lanzo el sombrero a nuestro capitán. Quien me confiesa: « Mis padres son suizos y yo soy el único marinero de la familia ». Me digo que el mar es un universo y que la pasión del marinero es un lenguaje sin fronteras.

Con el aliento contenido

Sensations voile au large de l'archipel de Bréhat

¿ Estamos solos en el mundo ? Étienne conoce las costas del Goëlo de memoria. Sabe navegar bien por el océano ante Bréhat. Pasamos ante acantilados de granito, pinos marítimos, caminos de retama, calas de arena oscura… la costa esculpida por los golpes de mar se perfila ante mis ojos. Y empieza a pronunciar una serie de nombres mágicos que más parecen nombres extraídos de un bestiario que de las piedras que señala con el índice. Nos encontramos muy cerca de las islas salvajes donde habitan numerosas aves marinas. Étienne aprovecha para servirme un café. Cómo me reconforta. Un alcatraz acaba de sumergirse a pocos metros, un charrán revolotea sobre las velas y los cormoranes se limpian las plumas. ¿ Viramos a babor ? El archipiélago de Saint-Riom se ofrece ante mis ojos como una estampa japonesa. ¿Un campo lleno de pinos? Me informan que Guillaume cultiva la patata con caballos de tiro. Me quedo boquiabierto. ¿ Esas patatas tendrán sabor a mar ? Empiezo a controlar el barco y logro largas amarras. Una vez en tierra, sé que esta bonita experiencia con la vela, gracias a la sonrisa de Étienne y a su buen hacer, me dejará marca para siempre.