La costa Esmeralda posee un paisaje que sólo puede tildarse de ambivalente. Al Oeste, el Cabo Fréhel marca una ruptura tranquila hacia el paisaje armoricano. Al Este, la costa se hace progresivamente más amplia hacia Cancale y la bahía del Monte Saint-Michel y da lugar a las mareas más impresionantes de Europa.
A media distancia entre estas dos «fronteras», se alza Saint-Malo, un puerto histórico de grandes descubridores y corsarios. Esta ciudad construyó su fama marítima a lo largo de los siglos debido a la guerra de corsarios y al comercio marítimo, un espíritu que aún se percibe en eventos temáticos como la Tall Ship Race o la Ruta del Ron.
Al cruzar el río Rance, se cambia de universo y nos hallamos ante Dinard, una ciudad que ha sabido cultivar el encanto nostálgico de las villas junto al mar, las casetas de baño y los puertos de yates. El ejemplo de Dinard se ha extendido y ahora se multiplican las localidades costeras que, a pesar de su modestia, no dejan de cautivar las miradas: Lancieux, Saint Briac, Saint Lunaries, Saint Cast le Guildo… todas ellas conservan una huella familiar en la que la aventura nace a sólo unos cables de la playa.

La costa Esmeralda - Jean-Patrick Gratien