El auténtico nexo entre el océano Atlántico y la Mancha, son las islas del mar de Iroise, que sin duda muestran el rostro más auténtico y salvaje de Bretaña.
Las islas nacen ante la punta bretona más occidental y suelen asociarse a esos faros e islotes que desafían la fuerza del océano. Más que un paisaje, constituyen un lugar de transición entre el continente y el océano, entre el Hombre y el Mar. Sorprenden además por su patrimonio natural y cultural, ahora protegidos con la creación de un Parque Natural Marino (PNM). Pero las islas no lo son todo en Iroise.
La Península de Crozon premia al visitante con panorámicas que cortan el aliento desde lo alto de acantilados vertiginosos y sus alucinantes vistas. Muy cerca, el pueblo de Morgat es conocido por la belleza de sus villas de estilo bretón de entreguerras.
Brest, la capital de la oceanografía y la vanguardia cultural, ha terminado por curar sus las heridas de la II Guerra Mundial. Aunque la arquitectura de esta ciudad ya no sea la de la plaza fuerte diseñada por Vauban, las actuales avenidas rectilíneas favorecen el dinamismo de la ciudad. Y para muestra, un botón: la sucesión de cafés junto al puerto comercial. Un poco más lejos, el puerto deportivo disfruta de vistas incomparables a las penínsulas de Plougastel-Daoulas y de Crozon. El imponente arsenal recuerda la historia militar de Brest. Su monumental rada se abre al mar de Iroise y alberga cada cuatro años la mayor concentración de barcos antiguos de Europa.
La admiración de los bretones por su patrimonio marítimo halla su clímax en Douarnenez: «La ciudad de los tres puertos» y principal puerto sardinero. El puerto pesquero, dominado por el barrio de Rosemeur, se extiende hasta el peñón de Flimou y en él se suceden las coloridas fachadas de colores que tanto gustaron a pintores como Renoir. Además, el puerto de Rosemeur alberga cada dos años (desde 1996) la fiesta de los barcos antiguos. Estos antiguos aparejos pueden verse también en el puerto de Rhu, un puerto-museo donde pueden admirarse unos veinte barcos. El puerto deportivo, cerca de las playas de Tréboul, bien merece un paseo.
Douarnenez también es una ciudad del presente llena de manifestaciones culturales como el festival de cine en agosto, el festival de la creatividad…

La costa de Iroise - George Fisher