Como su nombre indica, esta costa es muy rica en megalitos de todo tipo. Entre los más conocidos destacan los alineamientos de Carnac, los dólmenes y los túmulos de Locmariaquer o el cairn de la isla de Gavrinis, obra cumbre del arte neolítico. El conjunto que forman el Golfo de Morbihan y la Bahía de Guiberon forma parte del selectivo club de las bahías más bonitas del mundo !
Entre Larmor-Plage y Guidel se despliegan multitud de playas de arena fina. A unos kilómetros se puede hacer un alto en la ciudad portuaria de Lorient. Las aguas tranquilas de esta ensenada la convierten en un lugar particularmente adecuado para las actividades náuticas. En pleno verano, el bullicioso Festival Intercéltico reúne con la música a celtas de todo el mundo: escoceses, gallegos, bretones, irlandeses…
Lorient es un centro marítimo de primera categoría, así como un alto hacia la encantadora isla de Groix, su sorprendente playa convexa y sus pueblecitos pintorescos.
Entre Gâvres y Quiberon se extiende el macizo de dunas más grande de Bretaña*. ¡Los paisajes son tan variados en esta zona del litoral! El mar se presenta en forma salvaje en las abruptas calas y en su versión más mansa en las playas de arena fina de Erdeven. Quien busque diversión, deberá dirigirse a Quiberon y Carnac, sin olvidar el puerto de la Trinité sur Mer. Fuera de temporada, esta costa presenta otra cara: la de la tranquila soledad del mar. De Quiberon zarpan los barcos hacia la Belle-île y su bonito puerto de Sauzon. Los amantes de las islas no deberían perderse a sus dos hermanas pequeñas: Houat y Hoëdic.
En la riviera de Auray, los puertecitos de Saint-Goustan y de Bono son encantadores. Vannes, en cambio, es una ciudad medieval con un rico patrimonio arquitectónico e histórico. Si se llega por el mar, La Tourelle de Roguédas y la famosa «Casa Rosa» limitan la lengua de mar que conduce al puerto. El golfo o mor bian (mar menor, en bretón) y sus múltiples islas e islotes goza de un clima muy suave y una riqueza ornitológica excepcional. Su superficie tranquila, tan lisa como un lago, esconde poderosas corrientes submarinas y no pocos escollos: el golfo de Morbihan es una prenda que hay que saber ganarse.
La península de Rhuys, limitada al norte por el golfo y bañada al sur por el océano, presenta dos caras opuestas: la fachada atlántica es tónica y vivificante con acantilados y playas inmensas; en cambio, por el lado del golfo existen numerosos senderos que invitan a pasear tranquilamente de una aldea a otra, disfrutando de la fauna y flora. Para los aficionados a la vela y al surf (y a ir de tiendas), encontrarán en Crouesty la meta ideal, además del mayor puerto deportivo de Bretaña.

H Ledelis -