Los Montes de Arrée
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Caminar por sus cumbres es una experiencia única. Si es la primera vez que vienes, olvida todo lo que sepas sobre Bretaña y déjate impresionar. Las rocas aceradas que señalan al cielo del Tuchen Gador contrastan con las redondeadas colinas del Monte Saint-Michel de Brasparts, donde se yergue orgullosa una capilla solitaria. Desde esta cima de las montañas bretonas el paisaje se despliega hasta perder la vista con evocaciones irlandesas y escocesas. Turberas, bocages y landas forman un camafeo de verdes, marrones y rojos. El violeta del brezo y el amarillo de la retama despiertan con su alegría estas tonalidades castañas. Reino del Ankou y tierra de korrigans, estas montañas que no superan los 384 m poseen una cualidad aún más singular: abren las puertas a la imaginación. A sus pies, las marismas de Yeun Ellez, parcialmente anegadas con un lago artificial, tienen otras puertas que es mejor no abrir: son las del infierno. Al menos eso contaban antaño, en la oscuridad, ante el fuego de la chimenea, durante las largas noches de invierno. En ausencia de explicación racional, las dos llamas vacilantes que surgían de las turberas parecían dar fe de la presencia de espíritus malignos. Comunidad de municipios de los Montes de Arrée: ![]() JY Guillaume -
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