Historia de Bretaña


La civilización de los megalitos
Las primeras huellas de ocupación humana en el suelo armoricano se remontan al Paleolítico, aunque hasta el Neolítico no llegaría la edad de oro de la civilización de los megalitos (a. 5.000-2.000 años a.C.). Los dólmenes, más antiguos que las pirámides egipcias, son probablemente sepulturas colectivas aunque sigue habiendo mucho misterio sobre este periodo de la historia de Bretaña, que los arqueólogos aún no han conseguido disipar.

La conquista romana
A partir del siglo VIII, los celtas procedentes de las llanuras de Europa central se asentaron en la región. La península armoricana estaba formada por cinco poblaciones probablemente dominadas por un pueblo de marinos: los vénetos. Del año 58 al 52, César conquistó Galia. La flota de los vénetos fue hundida en 56. A partir de 52, la civilización galorromana fue la dominante.

Las grandes invasiones
La dominación romana perduró hasta el siglo V, cuando llegó la invasión germánica. Entre los siglos IV y el VI, las poblaciones bretonas se establecen en Armorica, que se convierte entonces en la (pequeña) Bretaña. Los bretones adoptan una organización original basada en parroquias, los «plou», «plé» o «plu» seguidos de un nombre común o propio. Se crean monasterios («lan»). Los nombres acabados en «ac» designan los pueblos ya habitados en el momento de la llegada de los bretones.

La victoria de Nominoë
Tras vencer a Carlos el Calvo en Ballon en 845, Nominoë extendió su influencia a Bretaña. Su hijo Erispoë se convirtió en el primer rey de Bretaña tras recibir los símbolos reales de manos de Carlos.

El embrión del estado bretón
Tras su victoria contra los normandos, Alain Barbetorte adquirió el título de duque. La Edad Media fue testigo de numerosas luchas entre ducados. Los periodos de paz y de guerra se sucedían continuamente hasta que quedaron englobados en un contexto mucho más amplio: la guerra de los cien años. Poco a poco se creó una administración ducal y los fastos de la corte se convirtieron en una forma de subrayar el poder ducal. Bretaña conoció su apogeo con los Duques de Montfort.

La anexión a Francia
El matrimonio de la duquesa Ana, obligada a casarse con Carlos VIII y, más tarde, con su sucesor Luis XII, en 1499, fueron los primeros pasos de la unión de Bretaña a Francia, culminada en 1532 con el Edicto de Unión, publicado en Nantes.

El auge del comercio bretón
Entre los siglos XVI y XVII, Bretaña vivió un periodo comercial dorado debido a su excepcional situación marítima, al desarrollo de los puertos bretones y a sus producciones agrícolas e industriales, como la fabricaciones de telas de lino. Esta prosperidad favoreció el auge del arte y la arquitectura bretones. En esta época se construyeron grandes castillos, palacetes de piedra y la mayoría de los conjuntos parroquiales.

Bretaña bajo la revolución
Tras recibir favorablemente el impulso revolucionario, Bretaña se convirtió en un foco de la contrarrevolución. La sublevación de los chuanes, que afectó principalmente a Alta Bretaña, se alimentó de un antagonismo entre ciudades y campos. El jefe chuán, Georges Cadoudal y sus tropas ejecutaron acciones de guerrilla.

Difícil entrada al siglo XIX
El periodo revolucionario y el Imperio dejaron a Bretaña en un deplorable estado. Las industrias tradicionales no supieron adaptarse y la hambruna y la miseria obligaron a miles de bretones a emigrar. En cambio, en el ámbito cultural, escritores como Chateaubriand adquirieron una fama que superaba las fronteras francesas y Bretaña se convirtió en una fuente de inspiración para numerosos artistas.

La Bretaña del siglo XX
Los bretones pagaron un gran tributo a Francia durante la I Guerra Mundial, con al menos 150.000 bajas. Durante la II Guerra Mundial, la Bretaña rural sufrió ligeramente menos restricciones que el resto de Francia. El régimen de Vichy separó Bretaña del País Nantés para unir administrativamente este último a la región de Angers. Las redes de la resistencia se organizaron a partir de 1942 para luchar contra la ocupación alemana. En 1945, muchas ciudades bombardeadas tuvieron que reconstruirse desde cero. Tras la guerra, Bretaña inició una profunda modernización.

Camino al siglo XXI
Las profundas mutaciones del siglo pasado, la ampliación de la UE y el desarrollo de nuevas solidaridades regionales han colaborado en gran medida a la modernización de Bretaña. Consciente de su riqueza cultural y de sus numerosas armas, Bretaña intenta conjugar con armonía modernidad y tradición, identidad y apertura al mundo.

Bobrovitch A
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