El cinturón luminoso bretón
La red de faros es especialmente densa en el litoral bretón. Algunos son estrellas del imaginario, como Ar Men, Les Pierres-Noires o Les Poulains, pero hay otros faros-casas igualmente fotogénicos. Tevennec es menos conocido: está situado al E de la isla de Sein y deparó tantas desgracias a sus fareros que se le ha tildado de maléfico.
Pero no hace ninguna falta evocar al diablo para explicar la dureza de las condiciones de vida en esos edificios aislados y, a menudo, hostigados por los elementos. De los infiernos (faros aislados en plena mar) hasta el paraíso (tierra firme) pasando por el purgatorio (las islas), la soledad de los fareros no era nada metafísica. Este oficio, a menudo reservado a los antiguos combatientes de la I Guerra Mundial, fue un sorprendente «privilegio» para inválidos y otros heridos de guerra.
En la actualidad, la automatización permite que no sea necesaria la presencia de los fareros. En 2004, Kéréon, el «Palacio del mar», el último faro habitado en el mar, cerró sus puertas dejando dentro sus magníficas boiseries y su rosa de los vientos de ébano y caoba.
De los cincuenta faros bretones sólo unos pocos pueden visitarse. Éstos ofrecen a los que se atrevan a subir hasta lo alto (307 escalones en el Eckmühl de Penmarc’h) vistas incomparables. Con esta cantidad de faros, Bretaña es la región con más balizas de Francia. Y tal es su influencia que ha penetrado en el habla local y, por ejemplo, en la península de Quiberon no se dice ponerse como una gamba cuando alguien ha tomado demasiado el sol, sino «tomarse por el faro de Teignouse»: blanco de piel pero la nariz bien roja.
Circuito de los faros y las balizas
El mar de Iroise cuenta con una elevadísima concentración de faros muy bonitos. De Brest a Brignogan, en la Costa de las Leyendas, podrás salir a conocer estos guardianes de las costas empezando por la torre octogonal de Portzic. En la salida de la rada de Brest, en una prominencia rocosa, se yergue el Petit Minou. Por la visita al faro de Saint-Mathieu se obtiene como premio una vista panorámica que engloba la Punta del Raz, Ouessant y Molène. Al final de la península de Conquet vela el faro de Kermorvan. Alineado con los dos anteriores, se alza el faro más alto de Europa (82,5 m), la isla Vierge, cuyo interior está forrado de opalina azul. Éste telecontrola el faro del Forno (categoría los infiernos) capaz de encajar olas de hasta 30 m. Alrededor Ouessant, se yerguen otras linternas llamadas La Jument, Kereon, le Stiff, Le Creac’h y Le Nividic.
En la actualidad, sólo pueden visitarse cuatro faros en Bretaña, todos ellos se hallan en Finistère. Otros están siempre cerrados o pueden visitarse de forma excepcional. Información en las Oficinas de Turismo.
Faro de la Isla Vierge
Visitas: principios de abril-finales de octubre.
Información en el Ecomuseo de Plouguerneau: +33/(0)2 98 04 70 93
Faro de Saint-Mathieu (en tierra)
Fines de semana y festivos de primavera y en septiembre.
Todos los días de julio y agosto.
Información en la Oficina de Turismo de Plougonvelin.
Faro de Eckmühl
Todos los días entre principios de abril a finales de septiembre.
Oficina de Turismo de Penmarc’h: +33/(0)2 98 58 81 44
Faro de Trezien
Todos los días de julio y agosto.
Información en la Oficina de Turismo de Plouarzel: +33/(0)2 98 89 69 46
Faro de Creac’h
Sólo abre al público el museo: todos los días de principios de abril a finales de septiembre
Información del Centro de Interpretación de Faros de Ouessant: +33/(0)2 98 48 80 70