Peñas fortificadas (roches fortes)
Visitarlas es entrar de lleno en la historia feudal de Bretaña a través de sus callejuelas limitadas por casas antiguas. Las roches fortes suelen estar construidas en lugares muy especiales, en macizos escarpados y peñones rocosos que eran lugares de defensa natural. Esta utilización del relieve natural era especialmente eficaz en la costa puesto que el mar y los acantilados constituyen nuevos obstáculos para los posibles atacantes.
A menudo, las roches fortes están construidas sobre un túmulo defensivo o feudal, es decir, sobre un «castillo» de madera y adobe, edificado sobre una acumulación artificial de tierra. Estos túmulos son consecuencia de la llegada del feudalismo y representan la influencia del señor sobre el territorio. Actualmente quedan pocos túmulos defensivos visibles debido a la erosión natural y a la intervención humana. En el siglo XIII, estos puestos de vigilancia se trasladaron a promontorios y algunos de ellos, junto con su burgo, se convirtieron en peñas fortificadas. Las que se implantaron en las zonas bajas perdieron rápidamente su función militar en beneficio de funciones administrativas o comerciales.
Algunas ciudadelas, como Châtelaudren, Jugon-les-Lacs o Malestroit compensan su falta de defensa natural mediante ingeniosos dispositivos de fortificación con agua. A menudo disponen de casas-torres de vigía. Son lugares de gran importancia para la identidad bretona pues conservan la memoria de varios siglos de historia y en la actualidad han recibido la clasificación de Ciudades de Arte de Bretaña, por la riqueza patrimonial, la distinción del Ministerio de Cultura de Ciudades de Arte y de Historia y, además, el sello «Ciudades Pequeñas con Carácter».

Fort-la-Latte - Erich Spiegelhalter