Patrimonio marítimo
A primera vista, el término patrimonio marítimo parece inadecuado para aplicarlo a los barcos, por naturaleza efímeros. Sin embargo, si se considera la influencia de todo lo que la identidad bretona ha extraído del mar, si se tiene en cuenta que ningún punto de Bretaña dista más de 80 km del mar, entonces ese término es pertinente. Los antiguos navíos, reconstruidos gracias a búsqueda paciente y metódica de información, nos relatan la vida pasada de los marinos bretones. Costas escabrosas, fuertes corrientes e innumerables arrecifes obligaron a estos navegantes a afrontar condiciones de navegación muy difíciles. La flota bretona, que impresiona por su diversidad, representaba la mitad de la flota francesa a principios del siglo pasado. Durante largos años, numerosos barcos han acabado su vida olvidados en el fondo de los estuarios. Por fortuna, gracias al ahínco de los aficionados, algunas asociaciones se han empeñado en reconstruir estos tesoros desaparecidos. En la actualidad, el público responde masivamente a cada cita con los veleros tradicionales como el que empezó en Brest en 1992 y, si hace buen tiempo, no resulta difícil ver en el horizonte la silueta de una bisquine o las velas rojas de una sinagot. El patrimonio marítimo bretón también abarca la especialización de los puertos: sardineros, marisqueros, atuneros o bacaladeros y todas las infraestructuras relacionadas con el comercio de los recursos marítimos. En los inmensos almacenes congeladores de los puertos, junto a los pequeños barcos de pesca de bajura y, por supuesto, en las subastas de pescado los pescaderos toman el relevo de los pescadores.
![]() Concarneau - Jean-Charles Pinheira
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