Situada en el extremo occidental de Europa, este peñón granítico compuesto de dos puntas rocosas (la Punta del Raz y la Punta del Van) estuvo a punto de morir por su fama. Este panorama grandioso, loado por Flaubert y Victor Hugo desde el siglo XIX, ha sido visitado por millones de visitantes que han alterado gravemente la vegetación tradicional. Por suerte, el ambicioso programa de rehabilitación ha permitido recuperar su esplendor original.
Las indeseables construcciones han desaparecido ya y el lugar ha sido acondicionado para dar cabida a un número razonable de visitantes sin poner en peligro el entorno. Tras esta operación de salvamento ejemplar que forma parte del programa de desarrollo sostenible, este enclave ha recibido la distinción de Grand Site de France. Ahora uno puede pasearse de nuevo entre los brezos salvajes y las brillantes aulagas para contemplar la Bahía de los Finados (Baie des Trépassés), antaño nefasta para los marineros debido a la temible conjunción de arrecifes y corrientes violentas.
En los huecos de las rocas y en el corazón de las landas, la fauna y la flora han recuperado su coexistencia armoniosa en esta tierra del fin del mundo que se lanza sin remedio en el océano. Para los que sientan la irresistible atracción del «último peñasco antes del océano» existen visitas guiadas seguras… pero con peligro de vértigo. En el mar, esa minúscula porción de tierra situada en pleno océano, la isla de Sein, es una joya iluminada por faros tan famosos como el Armen.

Jean-Charles Pinheira -