El macizo de dunas Gâvres-Quiberon es uno de los mayores de Francia y el más extenso de Bretaña con una superficie de 2.500 ha. Este cordón litoral de 35 km de longitud es una de las «grandes reservas salvajes» de Bretaña. Los paisajes se suceden con armonía. El «mar menor de Gâvres», paraíso de pescadores a pie, se caracteriza por quedar totalmente vacía con la marea baja. Al Sur, el océano Atlántico baña la península. Las dunas circundantes presentan especies vegetales muy raras, protegidas por la UE. La época en que se podía practicar motocross o 4x4 ya queda lejos.
El famoso banco arena de Etel, en la entrada de la ría, tiene la particularidad de moverse, además de formar un punto de encuentro entre la marea y el río. Por esa razón la navegación es peligrosa, pero los alrededores tienen suficientes puntos interesantes para los deportes náuticos. Saint-Pierre Quiberon también disfruta de magníficas playas de arena fina.
La espectacular costa agreste de Quiberon lo es por sus altos acantilados abofeteados por las olas, sus calas, sus arrecifes y sus grutas esculpidas a golpes repetidos de mar. Hay que tomarse en serio las señales de peligro puesto que los elementos son aquí los reayes y los golpes de mar no son ningún mito. Los únicos vegetales con posibilidad de adaptación muy especiales han conseguido colonizar el medio: armenias y silenes marítimas o brezos marinos visten los peñascos sujetos a los envites. Siendo la costa salvaje demasiado expuesta para las aves, éstas buscan refugio en el corazón de las landas marítimas o de las marismas, lo que convierte esta región en una etapa fundamental para las aves migratorias.

Quiberon - Bruno Servel