Declarada patrimonio mundial de la UNESCO en 1979, la bahía del Monte Saint-Michel forma una frontera natural entre Bretaña y Normandía. Es una suntuoso joyero con su «pirámide maravillosa», tan loado por Victor Hugo y conocido en el mundo entero. Al principio esta colina de granito de 80 m se llamaba Monte Tumbe y, en ella, se construyó la abadía benedictina con inmensos bloques de granito, muchos de ellos procedentes de las islas Chausey. El monumento sólo puede tildarse de éxito arquitectónico y la bahía que rodea el Monte, de obra maestra natural. El municipio del Monte Saint-Michel es normando, pero la bahía se despliega hasta Cancale. El río de Couesnon marca el límite entre Bretaña y Normandía.
Desde la abadía, una sintonía perfecta entre el arte románico y el gótico flamígero, la panorámica de la bahía es espléndida y mutante, según el tiempo y según el aspecto del arenal, cubierto y descubierto al ritmo de las mareas. Paisajes marítimos de dunas y hierba baja alternan con los paisajes de bocage. Cuando sube el mar, una ola de 25 km de anchura avanza «a la velocidad de un caballo al galope» entre las puntas de Cancale y Granviell. Esa circunstancia añadida a la existencia de arenas movedizas convierten la bahía en un lugar especialmente peligroso, sometido a las mayores mareas de Europa. A pesar de ello, existen visitas guiadas totalmente seguras.
En los alrededores el abanico de paseos ofrece muchísimas perspectivas del Monte. Las particularidades de la bahía, la riqueza de los distintos entornos, prados salados y marismas, así como su situación en la vía de migración atlántica, la convierten en una reserva ornitológica excepcional, en particular en términos de reproducción. Esta zona también es un importante paso para los salmones y una zona de desarrollo propicia para numerosos peces planos.
Para luchar contra el proceso natural de enarenado del Monte Saint-Michel, se ha puesto en marcha un programa de recuperación del enclave que prevé la construcción de un nuevo dique en Couesnon. El proyecto, que pretende devolver al Monte su aspecto marítimo gracias a la demolición de los aparcamientos y del dique-carretera, debería ayudar a controlar mejor el flujo turístico. En los próximos años, los visitantes accederán al Monte por un discreto puente pasarela. Entonces, el Monte Saint-Michel surgirá como antaño, como una aparición onírica, desprovista de la maraña ruidosa de los coches.

Mont Saint-Michel - Yvon Boelle