Deprisa, deprisa, siempre más deprisa…
¿Y si invirtiéramos un poco la dinámica? Al menos durante unos días de nuestras vacaciones…
Esa es la invitación de la navegación fluvial. Para todos los que la han adoptado, esta nueva forma de vivir alejada de las masas y en contacto directo con la naturaleza se ha convertido en un paréntesis mágico: avanzar a bordo de una barcaza a una velocidad media de 6 km/h siguiendo encantadores caminos de sirga y aprovechando esa lentitud marcada por el paso de las esclusas es descubrir otra Bretaña: la de los ríos y los canales. La red fluvial del Oeste aunque es poco conocida, es una de las más bonitas de Europa.
Esta experiencia inolvidable está al alcance de todos porque no se necesita licencia para llevar uno de estos barcos. Basta con una simple formación impartida por el propietario de los barcos. El respeto de reglas sencillas y prestar la atención suficiente para evitar obstáculos posibles permiten avanzar por los cursos de agua del Oeste sin problemas.
Aquí no hay que temer ni olas ni corrientes, los canales son tranquilos y unen entre sí bonitas ciudades medievales donde detenerse para comer, comprar o practicar algún deporte náutico. Para que el público pueda conocer estos lugares imprescindibles por su interés patrimonial y su marco propicio para actividades al aire libre se ha creado el programa «Escalas a una y otra orilla».

JP Gratien -