Disfruta de momentos sabrosos en los Ateliers crêpes de Véro

En Bénodet, aprende a preparar las incomparables crepes bretonas

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¿Estás hambriento de placeres auténticos? LosAteliers crêpes de Véro, en Bénodet, te esperan con los brazos abiertos. En un entorno lleno de encanto, esta amante de la mantequilla pura, oriunda de Finisterre, te revelará los secretos de las crepes 100 % bretonas que aprendió de sus abuelas. Con tu mejor humor, pon las manos en la masa y haz girar en el aire las crepes que tú mismo preparaste. Y después, solo queda saborearlas.

Las crepes tienen una larga historia

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En su pequeño taller, Véro te dará una cálida acogida. Puedes ir con tu familia, entre amigos o en solitario, para deleitarte recuperando tradiciones olvidadas. Véro relata su trayectoria de maestra crepera saltando de anécdota en anécdota. Inició su andadura junto a los bloques de mantequilla de sus abuelas, cuyas cofias tradicionales de estilobigoudèneyglazikvigilan las creperasbillig, esas grandes placas donde se cocina la masa. Hay otros términos bretones que resuenan en los oídos: larozelles la espátula para extender la masa; elkrazse refiere a la fina textura crujiente que caracteriza las crepes del sur de Finisterre...

¡Manos a la masa!

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¡Basta de teoría, pasemos a la práctica! Con el delantal puesto, empecemos con la masa de crepes de harina de sarraceno o harina negra. Pues aquí, independientemente de la harina, «hacemoscrêpesy nogalettes», sostiene de forma maliciosa (haciendo referencia a una simpática discordia entre el oeste y el este de Bretaña). Ya tenemos las manos en la harina y el agua. «Hay que mezclar hasta que la preparación quede cremosa», indica la maestra crepera ajustando la cantidad de agua. «Luego, hay que batir la masa con decisión». El método es divertido y los antebrazos trabajan. Gracias a los secretos de Véro, las masas tienen un aspecto delicioso.

Dedos astutos entran en escena

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Es hora de despejar y de ocuparnos de unir la harina de trigo con el azúcar y la leche. Esta vez, el batidor es protagonista. «Lo importante es que la masa no quede muy elástica», previene Véro y frena el gesto de Peggy. Unos cuantos grumos se forman en el bol de Lucien, pero «no hay problema». Deliciosos aromas impregnan la sala. Los trucos necesarios para obtener una buena masa se aprenden en vivo y en directo. Ya está todo listo para pasar a la siguiente etapa.

¡Y a voltear crepes!

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Delante de labillig, Véro muestra cómo utilizar larozelly extender la masa. «Hay que tenerla plana y solo rocen la masa con pequeños movimientos». Al terminar el círculo, el gesto es más delicado y las instrucciones más ilustrativas: «O bien pueden hacer el helicóptero con el puño, o bien un giro demajorettecon larozell». Con muchos bríos, Anthony es el primero en lanzarse. Algunos fracasos provocan grandes carcajadas. Los jóvenes Chloe y Lucien tienen unarozellmás fácil de manipular. Con la espátula, volteamos a un lado y al otro la crepe, y ¡listo! Las crepes se van apilando en el extremo de la mesa. ¡Falta poco para el almuerzo!

La famosa crepe de jamón, huevo y queso

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El taller sigue su curso en medio de gritos de alegría: al igual que los profesionales, vamos a preparar crepes de jamón, huevo y queso. Pese a los deseos apremiantes, hay que tomarse su tiempo. La masa de crepes de harina de sarraceno es más pesada y lleva más tiempo de cocción. Son miles los trucos y los pequeños gestos que debemos aplicar para lograr el gran clásico de la cocina bretona: pasar el pincel con mantequilla, cubrir con clara de huevo, pasar la espátula de acero inoxidable... Pero el resultado bien vale la pena. ¡A la mesa!

Momentos para saborear

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 «¡Nunca comí una crepe tan deliciosa!», dice Anthony. Sin lugar a dudas, tiene razón. La mía es fina y crujiente, como a mí me gusta. Después de comer la suya, Chloé prepara una crepe para su abuela que acaba de unirse al grupo. El ambiente es familiar y acogedor. Una vez aprendida la lección, cada uno regresa a lasbillingspara hacer crepes dulces. Véro guía la conversación en torno a las virtudes nutricionales del trigo de sarraceno, las tradiciones culinarias, los recuerdos de infancia... Por último y para poner fin a estos deliciosos momentos, nos despedimos con unkenavo(adiós, en bretón), unas crepes, unas recetas y un diploma en mano.

Annick André

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