Puesta de sol en lo alto del faro de Eckmühl

Un espectáculo de viento y luces: la magia de las noches del Faro

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¿ Estás listo ? Pues, ¡ arriba ! En la punta de Cornualles, el faro de Eckmühl permite casi tocar las estrellas con la mano. Al atardecer, Alexandra te abrirá las puertas de este gigante para subir por las escaleras que llevan a la terraza, a 56 m de altura. Asistirás al magnífico espectáculo entre el cielo y el mar de los últimos rayos de sol que parecen competir con los destellos de los faros y las balizas.

Cita con un mito

En esta tierra, muchos elementos se elevan al cielo: los tocados tradicionales, los campanarios y los faros erguidos junto al litoral. El Faro de Eckmühl es uno de los más altos y míticos. Y además tiene el extraño privilegio de abrir al público al atardecer.
A los pies de este vigía de piedra nos hemos congregado unas diez personas, preparadas para un viaje a la verticalidad. Con las luces del atardecer, el faro adquiere un aspecto diferente, lleno de paz. Alexandra y Adeline nos acompañan hasta la puerta de madera. La famosa escalera de caracol se halla ante nosotros. Como si fuera un caparazón enorme, la escalera se extiende majestuosamente hacia las alturas. Y nosotros también. Empieza la escalada. ¡Nos esperan 290 escalones!

Una subida de escaleras excelente

Alexandra, una auténtica experta en esta joya del patrimonio marítimo, se detiene de vez en cuando. Toda una atención para los que no estamos acostumbrados a las escaleras, pues nos permite recuperar el aliento y oír alguno de los secretos que nos va confiando. Los azulejos de las paredes en realidad son opalinas, colocadas siguiendo las formas curvadas de la pared, lo que permite que desprendan delicados reflejos azulados dentro de esta fortaleza del mar. Toda la escalera está cubierta por una lámina de bronce pulido, lo que nos confirma el refinamiento de este lugar. Al final de las escaleras de piedra, el suelo de mármol refleja los destellos de la estrella de los mares.

Un lugar principesco

Los motivos y los materiales de construcción usados revelan un lujo inesperado que compite con los encantos naturales del exterior. Si este edificio de la marina despliega tanta belleza es gracias a las generosas donaciones de una marquesa que quería que el faro llevara el nombre de su padre: el Príncipe de Eckmühl, y que se dedicara a socorrer a las personas en peligro. En esta costa agreste, esta generosa intención es muy apreciada desde 1897.

¡Un espectáculo por todo lo alto!

Llegamos a la cámara del faro y a la terraza. Fuera el viento nos calienta. La panorámica de 360º nos deja sin habla. Al oeste, los rayos rojizos del sol poniente tiñen el horizonte. La bahía de Audierne se extiende como un manto blanco. Los primeros barcos de pesca nocturnos zarpan del puerto de Saint-Guénolé entre luces verdes y rojas. Los demás faros del cabo nos parecen pequeñísimos. Cerca de las islas Glénan, un haz luminoso brilla a lo lejos. Otro señala Guilvinec. Por encima de nuestras cabezas, la linterna empieza su ballet y entrega un destello cada 5 minutos, que es visible hasta 50 km. Esta luz blanca es una de las más potentes de Francia. El espectáculo de los faros se produce bajo nuestras miradas. Alexandra nos señala sus distintos ritmos, que en realidad son señales para los navegadores expertos.

Poniendo luz a la historia

Dentro de la elegante habitación de la lámpara, Alexandra nos va traduciendo los colores y las formas de señalización marítima que nos rodea. El ambiente de esta habitación nos devuelve a los tiempos en que los faros estaban habitados. Desde su vivienda de trabajo, los fareros subían para pasar la noche y comprobar el buen funcionamiento de las dos ópticas y de las lámparas. Su misión se humanizaba gracias a los revestimientos de madera del techo y de las paredes. Muchos de sus compañeros fareros, de servicio en los “infiernos” erigidos en el mar, no gozaban de esta suerte. Su oficio ha alimentado las leyendas que aún perviven entre estos muros. Subidos a esta torre cilíndrica, es fácil soñar en los mitos de los fareros.

¡Empieza a girar!

Ya nos toca volver a bajar. Llegar hasta el nivel de las ostras es más rápido, pero nos detenemos a admirar la inclinación en espiral de la escalera. Al llegar a tierra, los fotógrafos aprovechan la tranquilidad de este lugar para colocarse en el centro del hueco de la escalera de caracol para conseguir perspectivas vertiginosas. Todas estas bonitas imágenes serán las guardianas de nuestro sueño y, más tarde, de nuestros recuerdos.

 Annick André

 

Información complementaria :

Las "noches del faro" : todos los martes de julio y agosto
con 3 horarios de visitas por noche: 21h30 – 22h15 & 23h 
La visita al faro está sujeta a las condiciones meteorológicas.
En caso de mal tiempo y de cierre, la visita nocturna se pospone al día siguiente
Precio adulto: 7 € / Reducido: 4 € / Pack familia: 21 €

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