Recorre las salinas en bici

Con Gwen, en la península de Rhuys

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Con Gwen, apasionada de la naturaleza, el buen humor forma parte de los circuitos en bici. Cerca de Sarzeau, este medio de locomoción tranquilo y agradable nos lleva a la cautivadora vida de las salinas. ¡Para abordar el litoral de otra manera!

Un inicio suave

les marais salants à vélo avec Gwen

Pequeños ajustes de la altura del sillín ¡y hop! Ya hemos salido para 2, 3 horas de un apacible paseo. Simpáticamente guiados por Gwen, nuestro pequeño pelotón gira al pie del campanario de St-Colombier para ir hacia las orillas del Golfo del Morbihan. Una pendiente suave nos sitúa sobre el suelo herboso del Duer. Unas ovejas y aves comparten este soberbio paraje ornitológico. Philippe ve una oca marina que se ha retrasado en la zona. Gwen pone un nombre sobre las puntas y las islas que bordean el horizonte.

¡En marcha hacia la sal!

les marais salants à vélo avec Gwen

Nuestras ruedas se meten por un caminito. El ritmo es ideal para seguir charlando. Aquí, el maillot amarillo lo llevan la retama y las aliagas. Saludamos a unas seductoras casas de pescadores para llegar a las salinas de Lasne. Unos mulons chispeantes a la luz del Golfo dan testimonio de que las salinas han vuelto a entrar en servicio. Unas obras importantes han restaurado las salinas, creadas en la Edad media y que fueron abandonadas en los años 1960. Gwen nos entrega información sobre los salineros, que llegaron a ser hasta 600 en este pedazo de litoral. A lo largo de la historia, hablan de gabela y de ostras planas.

Entre islas y alas

Hoy en día, los étiers (canales que llevan el agua a las salinas), los viveros de mejillones, y los estanques de calentamiento han recuperado sus diques y sus magníficos reflejos. El agua sigue un trayecto completo antes de hacer aparecer cristales. ¡Me sorprende saber que el agua de los estanques de cosecha tiene una concentración 10 veces superior en sal que el agua de mar! ¡Senderistas, martinetes y lavancos aprecian este centro de producción! La bici nos permite pasar por todas partes y seguir las salinas. Cerca de una entrada de agua frente a la isla Tascon, Gwen nos cuenta con una sonrisa la vida de este confeti marino unido al continente mediante una vía inundable. ¡A veces, las crónicas de los insulares parecen leyendas!

¡Una naturaleza por saborear!

les marais salants à vélo avec Gwen

Un poco más lejos, el fondo de los estanques revela los robustos vegetales capaces de crecer en este medio. Gwen nos muestra el obione, la sosa marítima, la lavanda de mar, la barrilla… Cuando la marea refluye, estos herbarios se transforman en auténticas despensas para las aves. Christophe también eligió estos estanques para hacer madurar sus ostras. Hablando de comida, la naturaleza se ha acordado de nuestro avituallamiento. Con la punta de los dientes, mordamos en unos dientes de león, cebolleta salvaje, espinaca de mar… Estas plantas evocan para nosotros otras golosinas. Se intercambian unos casi-secretos sobre los lugares para pescar la almeja y la gamba. ¡Además de ser hermoso, el terruño es bueno!

Hasta el molino y vuelta

les marais salants à vélo avec Gwen

Cambio de paisaje: Calas, agua, casas, pinos y barcos se mezclan para pintar el magnífico paso de Sené. En verano, un trasbordador atraviesa el brazo de mar para ir a la parte de Vannes del Golfo. Pero permanecemos sobre la tierra firme para ir a admirar el Molino de mareas de Hézo. Esta obra colocada sobre un muro de granito indica el camino de vuelta. Cruzando St-Armel, puede parar en el mercado (¡si hace buen día!) o en la terraza del bar. Una última pedalada nos trae de vuelta al punto de inicio. ¡Una vuelta que anima a repetir!

Texte: Annick André

Informaciones complementarias :
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