© Yannick Derennes
Conviértete en cuidador por un día en Branféré Entre secretos y bastidores del mundo animal
¡Experiencia bretona!

Conviértete en cuidador por un día en Branféré

Muy temprano, a primera hora de la mañana, el parque natural de fauna y flora de Branféré, muy cerca del golfo de Morbihan, despierta lentamente. Anaëlle, cuidadora apasionada de los animales, nos guía por este maravilloso entorno en el que los animales crecen en semilibertad. Las actividades se suceden: mientras se limpian los recintos y se distribuye la comida, la vida de las especies originarias de los cinco continentes sale a la luz. ¡Evasión y sorpresas garantizadas!

Manos a la obra

Las ocas, los patos y los gibones saludan con sus gritos característicos la llegada de los cuidadores novatos. Estos simpáticos personajes, con su tarjeta de identificación alrededor del cuello, siguen de cerca a Anaëlle por un paso vedado al público, que conduce al espacio reservado a los cuidadores. En el gran cobertizo, Yohann toma el cubo de agua, y Elena se ocupa de las esponjas y los rascadores. La misión del día, en lo que a limpieza se refiere, consiste en lavar los vidrios del recinto de los pandas rojos y retirar los excrementos del suelo. Entre varios, ¡pan comido!

¡Tan cerca de los animales!

Es hora de saciar a estos peluches vivientes. Una vez listas las albóndigas de bambú y zanahorias, los cuidadores las reparten con las manos cubiertas de guantes para evitar la transmisión de gérmenes o virus. Alicia y Elena depositan, sin temor alguno, una albóndiga delante de Po y Padma. ¡Qué maravilla poder estar tan cerca de los pandas! Tras sortear varios pórticos y abrir varios candados, es el turno de alimentar a las nutrias enanas. Estas glotonas se incorporan sobre sus patas en cuanto ven sus comederos acercarse. «Se lanzan como cohetes sobre la ración», cuenta Elena.

 

 

Los secretos de la cocina

Una vez vacíos los comederos, todo el mundo retoma sus actividades ante la atenta mirada de un pavo real que luce su abanico. La cocina huele a frutos maduros. En una gran carpeta, se encuentran detalladas las raciones de los animales. Anaëlle anuncia los ingredientes: «10 granos de uva aquí, pequeños trozos de zanahorias para este comedero, naranjas cortadas en cuatro…». Muy atentos, Yohann corta las manzanas, y Elena dosifica semillas de girasol y de maíz en una jarra. Llevan todo a la cámara fría y… ¡misión cumplida!

 

Comida a domicilio

Los lobos de crin son los primeros en deleitarse con estas comidas personalizadas. Un brazo a través de las aberturas de la cabina de observación lanza, con coraje, la comida a los hocicos de Pedro y Toresa. Atrevidos y ágiles, atrapan su comida al vuelo. El encanto supera con creces el temor. Luego, los perritos de las praderas reciben su ración. Salen de su madriguera para atajar los granos y las frutas que lanzan por encima de la tapia. Su aspecto de marmota divierte a los jóvenes cuidadores.

Inmersión en el universo de las focas y los pingüinos

Pasamos de la tierra al mar con el entrenamiento médico de las focas. Al borde de su estanque, los pingüinos se contonean graciosamente. Con el brazo tendido y la boca abierta, los niños dejan caer pececitos en los picos hambrientos. Yohann, cada vez más confiado, los llama. El recinto de alimentación es un hervidero de actividad. Lanzan los últimos peces al agua, donde los pingüinos despliegan un auténtico ballet. «Marsopean», según dicen.

«¡Genial espectáculo de las aves!»

Durante el almuerzo, Anaëlle se debate por responder a todas las preguntas, para luego, a la hora de la siesta, dar comienzo al maravilloso espectáculo de aves. Guacamayos, rapaces y búhos vuelan a ras de nuestras cabezas, mientras loros y cotorras despliegan sus alas coloridas. Los pelícanos se detienen a nuestros pies, un águila se acerca para robar pan a un espectador distraído y un flamenco rosa nos mira con desdén. Muchos «¡oh!» y «¡ah!» de admiración se escapan de la boca del público mientras las aves regresan a su pajarera.

Un huésped VIP en la casa de los rinocerontes

¡Nos espera otro tipo de recinto! Entramos como invitados privilegiados en la casa de Ajang y Maya mientras ellos pasean por fuera. Los barrotes son tan anchos como los niños, y verificamos que es posible pasar entre las barras de metal. En cuanto a la seguridad, nada se deja al azar. Los rinocerontes indios toman baños de inmersión en un gran estanque climatizado. ¡A saber! Si nos pesamos en la balanza tamaño extragrande, apenas alcanzamos un tercio de su peso. Llenos de asombro, los niños agradecen efusivamente a Anaëlle. A partir de ahí, seguiremos recorriendo el parque y conociendo sus otros 1200 animales sin guía alguna. Pero nuestras cabezas estarán repletas de información y de secretos sobre los monos, los gibones, los hipopótamos pigmeos, las jirafas… Solos, haremos las pasarelas de la llanura africana, carreras desenfrenadas por las redes del Parcabout® y acariciaremos a los walabíes.

Precio desde

150 €

por persona

Esta experiencia incluye lo siguiente

  • Una jornada en compañía de un cuidador de animales.
  • Acceso a los bastidores del parque.
  • Almuerzo.
  • Entrada a los espectáculos y al Parcabout.

 

Información adicional

El complejo de Branféré encierra hoy un concepto único en Francia, pues combina, en un mismo lugar, un parque zoológico, un jardín botánico y un centro educativo sobre medio ambiente, la Escuela Nicolas Hulot. Esta institución educativa forma parte de un enfoque de desarrollo sostenible que apunta a sensibilizar al público acerca de la importancia de respetar la biodiversidad.

  • Esta experiencia se puede realizar a partir de los 6 años.
  • Abierta todos los días de abril a noviembre, previa inscripción y sujeta a disponibilidad.
  • Llevar ropa adecuada a las condiciones climáticas, calzado cerrado, pantalón, mochila y un par de botas.
  • Tarifa decreciente para grupos de varias personas.

 

Web Oficial de Turismo de Bretaña