© Yannick Derennes
En el corazón de las Glénan de la mano de Lulu Una escapada a la naturaleza en la isla de Saint-Nicolas
¡Experiencia bretona!

En el corazón de las Glénan de la mano de Lulu

No es necesario cruzar todo el planeta para descubrir islas paradisíacas rodeadas de aguas turquesas y de playas de arena blanca… Basta con embarcar en Fouesnant junto a Lulu, guía experimentada y apasionada, para disfrutar del archipiélago de las Glénan. También conocerás historias de piratas y un valle submarino, una flor única en el mundo y aves melodiosas.

Bienvenido a los trópicos bretones

Bajo un cielo cubierto, nos alejamos de la cala de Beg Meil a bordo de una de las «Vedettes de l’Odet». Ponemos rumbo a la isla de Saint-Nicolas de las Glénan, cuya extensión es de catorce hectáreas y «la única abierta al público», nos aclara Lulu, alias «Lucienne Moisan». Como suele suceder, a lo largo de la travesía, una magia oceánica opera en nosotros. Con la compañía de un sol radiante, penetramos en «La chambre» de las Glénan, un lago de un azul cristalino que no desmerece las islas Maldivas. Según Lulu, son las aguas más cristalinas de Bretaña. Además, hay quienes dicen que «Glénan» viene de «glen», claro en bretón.

Una isla de cara a la naturaleza

En el muelle, Lulu nos relata la vida del lugar cuyo ritmo está marcado por las idas y venidas de los estudiantes de la escuela de vela y del centro de buceo, como también de los numerosos navegantes que utilizan los fondeaderos que se encuentran alrededor de la isla, «pero siempre fuera de los herbarios, ya que son la riqueza de los fondos marinos del archipiélago». Aquí, el respeto por la naturaleza está muy arraigado en la conciencia y en las prácticas. «Cada uno debe llevarse sus propios residuos y está prohibido cortar flores», nos recuerda Lulu, antes de guiarnos por el único sendero de la isla, todo construido en madera con el fin de proteger las dunas contra las pisadas de los visitantes… ¡Son muchas las iniciativas que apuntan a preservar este pequeño paraje paradisíaco!

 

Una flor única en el mundo

A lo largo de nuestro paseo, Lulu nos enseña a reconocer las clavelinas de mar y sus pompones rosas, los jacintos de los bosques y sus campanillas violetas, los hinojos marinos y otras de la familia de la manzanilla, para luego presentarnos a la estrella primaveral del lugar: el narciso de las Glénan. Esta delicada flor solo crece aquí, y el centro de la isla se convirtió en la única reserva natural en el mundo. «En 2015, en esta isla de 1,5 hectáreas, se contaron meticulosamente unas 286 460 plantas de narcisos contra 150 000 en 2010».

¡La vista más bella de la isla!

Unos pasos más adelante, en un recodo del camino, se despliega una lengua de arena de un blanco deslumbrante que llega hasta la pequeña isla de Bananec. A esto se suman unas suaves olas color cielo que hacen de este rincón un lugar sublime. Lulu nos explica que la suavidad y la blancura resplandeciente de la arena se deben a un alga ¡roja! llamada maerl. «En el extremo de este tómbolo, infinidad de ostreros euroasiáticos y de frailecillos blancos anidan directamente en la arena. Por esta razón, no venimos aquí en primavera, pues pisaríamos sus huevos». De cualquier modo, es mucho más bonito desde aquí. Gracias al catalejo de Lulu, podemos observarlos sin molestarlos.

Remontémonos en el tiempo

«¿En esta isla, hay tesoros?», preguntan los jóvenes curiosos. «Por supuesto. Durante mucho tiempo, el archipiélago fue el punto de referencia de piratas y corsarios». La construcción del fuerte Cigogne en 1755 es prueba de ello, pues su misión consistía en expulsar a los saqueadores. Luego, nos detenemos frente a una tumba «muy muy antigua», la que nos lleva a viajar hasta la época en la que el archipiélago aún no se había formado. «Hace veinte mil años, podíamos llegar a las Glénan caminando. Poco a poco, el mar fue invadiendo el valle y los tiburones peregrinos, asiduos visitantes de estas aguas, tomaron el lugar de los rinocerontes lanudos».
Nos queda apenas una hora antes de hacernos a la mar y divisar algunas aletas. La guía nos propone, entonces, que aprovechemos para pasear a nuestro gusto y antojo. Nos hacemos de inmediato la promesa de regresar y alojarnos una noche o dos en este paraíso. Se comenta que las puestas de sol son tan hermosas como el archipiélago.

 

Precio desde

39 €

por persona

Esta experiencia incluye lo siguiente

  • Una jornada completa o media jornada para descubrir el archipiélago de las Glénan
  • El paseo en plena naturaleza con la compañía de Lulu, guía del Conservatorio del Litoral
  • Las travesías marítimas de ida y vuelta

Información adicional

  • En 1974, se creó una reserva natural para proteger una especie endémica de gran interés botánico: el narciso de las Glénan, que podemos observar en floración, en la isla de Saint-Nicolas, a comienzos de Abril.
  • El archipiélago de las Glénan está protegido desde 1973 y en 2004 pasó a formar parte de la Red Natura 2000. Cubre cerca de 500 km² de espacios marítimo e insular, desde el litoral de Fouesnant hasta unos quince kilómetros al sur de las islas. La Red tiene como objetivo preservar la diversidad biológica excepcional (fauna, flora y hábitats naturales).
  • Los paseos por las islas Glénan son de media jornada en primavera y de jornada completa en verano.
  • No olvides llevar tus prismáticos, calzado cerrado y prendas de abrigo.

Debes hacer tus reservas para el paseo en la Oficina de Turismo de Fouesnant les Glénan al +33 (0)2 98 51 18 88 – info@tourisme-fouesnant.fr

Web Oficial de Turismo de Bretaña