© Simon Bourcier
¡Recorre el cabo Fréhel en bici eléctrica! Paseo entre mar y marismas con Isabelle
¡Experiencia bretona!

¡Recorre el cabo Fréhel en bici eléctrica!

Gracias a la bicicleta con asistencia eléctrica, los relieves de Penthièvre están al alcance de todos. Desde lo alto de los acantilados escarpados, los paisajes nos dejarán sin aliento. Para sumergirnos en sus colores, su fauna y su historia, no hay nadie mejor que nuestra guía Isabelle, eterna enamorada de este lugar natural excepcional. ¿Algunas referencias? El amarillo de las aliagas, el rosa de los brezales, el faro del cabo Fréhel

¡En ruta!

En Plurien, cerca de una caravana vintage y de unas yurtas, nos están esperando nuestras monturas. Isabelle nos invita a «probar las máquinas» encendiendo el cuadro de mandos sujeto al manillar. Ya con los primeros pedaleos, podremos valorar esta maravillosa fusión entre la petite reine(bici, para los franceses) y el hada electricidad. ¡Es algo realmente mágico! ¡Nos lanzaremos por las vías verdes que incluyen vías compartidas y un tramo de ruta ciclista!

La marisma: entre leyenda y realidad

Tras hacer girar las ruedas, llegaremos al fondo de la marisma marítima. Tierra y mar se funden en el corazón de un entorno natural único. Sobre una alfombra de salicornia y de obione, Gargantúa dejó caer una piedra de su zapato. Al menos es lo que Isabelle nos cuenta, entre dos explicaciones mucho más verosímiles acerca del desove de los peces. Tomando un sinfín de fotos, descubriremos la vida de la marisma.

 

Entre pinos y villas

Retomamos el camino desde lo que era una estación ferroviaria en la época de esplendor de la histórica ciudad balnearia Sables d’Or-Les-Pins. ¡Para trepar la Corniche, la asistencia eléctrica es una bendición! Las colinas están salpicadas de villas que juegan al escondite entre los árboles y los setos. Los colores cambiantes del mar y la claridad de la gran playa se distinguen entre curva y curva.

 

 

Un mirado único sobre el mar y la historia

Se suceden incesantemente caminos de tierra, gravilla y asfalto. El trayecto que Isabelle diseñó especialmente para nosotros se detiene frente a un magnífico panorama. Erquy, el puerto des Hôpitaux y el islote Saint-Michel conforman un espectáculo impregnado de aromas marítimos. La arenisca rosa surge del agua y narra la historia de los canteros que se instalaron aquí, en pequeñas casas de aspecto minero. Tras ir de peñasco en peñasco, llegamos a otro grandioso mirador que se extiende sobre la duna y sortea los acantilados hasta el faro del cabo Fréhel.

Una sinfonía de colores

El paisaje vuelve a cambiar. De pintorescas callejuelas bordeadas de cercas llenas de flores y de caminos que serpentean entre los campos, se asoman colores jóvenes. Las orquídeas se mezclan con los saucos y las consueldas. Isabelle nos revela sus virtudes. Dejamos atrás a los surfistas, y los verdes valles dan paso a románticas extensiones de landas. Los brezales rosas y las aliagas de color oro descienden rápidamente hacia las playas hasta convertirse en verdes helechos. Al son del canto de un cuclillo, nuestra guía nos explica que muchas plantas carnívoras se inmiscuyen en esta paleta tornasolada.

En lo alto del faro, las aves y nosotros

Sin fatiga alguna, llegamosa al cabo Fréhel. A 70 metros de altura, nos relatarán la historia del faro saboreando una suave tisana de melisa. En este paraje excepcional, con tiempo despejado, Jersey se recorta en el horizonte. Cerca del acantilado, dos montes rocosos se zambullen en el agua color esmeralda. Las aves marinas la han blanqueado con su guano. Gracias al ojo avizor de Isabelle, podemos localizar nidos de cormoranes moñudos, gavinas jóvenes y aterciopeladas, y gaviotas tridáctilas. Aunque a los pingüinos les gusta ser discretos, ella nos revela el secreto de sus huevos. Anne toma innumerables fotografías. El entorno y el espectáculo de las aves tendrán a todos cautivados.

¡Pedalea con total libertad!

Tras disfrutar de un extenso panorama y de adentrarnos en las leyendas, el pelotón se reúne para regresar al punto de partida. Con el cabello al viento, cada uno conduce al ritmo de su bicicleta y de sus piernas. Sin grandes esfuerzos, Karine acelera por el sendero protegido. Los paisajes se suceden en medio de colores tornasolados. El ritmo se apacigua cerca de la marisma donde la marea ascendente gana terreno. Las bicis sobre el caballete, vasos de zumo de manzana y alegres sonrisas despiden el final de esta prolongada y hermosa escapada.

Precio desde

25 €

por adulto

Esta experiencia incluye lo siguiente

  • Un paseo «cyclo’butineur» de 3 horas en bici eléctrica con la compañía de Isabelle para descubrir el cabo Fréhel o el cabo de Erquy.
  • Bebida de bienvenida (zumo de manzana, tisana casera).

Información adicional

  • El punto de encuentro para los paseos es en el camping Les salines, en Plurien.
  • «Cap Evasion vélo» se encuentra en la entrada, a la izquierda del camping.
  • Duración del paseo: 3 horas.
  • Tarifa de 25 € por adulto – 14 € para los menores de 12 años.
Web Oficial de Turismo de Bretaña
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