Belle-Ile
Rumbo a la mayor de las islas bretonas
No podría llamarse con otro nombre que la describiera mejor: isla bonita, Belle-île. Es un destino de vacaciones que bien merece unos días: playas tranquilas, acantilados espectaculares, puertos coloridos y campos verdes… La isla es una paleta de paisajes.
A 14 km de la punta de Quiberon se halla la mayor de las islas bretonas. Empezará a impactarte en cuanto desembarques en el encantador puertecito de Palais. Ahí puedes alquilar una bici o un coche y recorrer Belle-île de punta a punta. La visita empieza con un paseo por los muelles con bonitas casas coloridas. Le sigue la visita al puerto y las calles del casco antiguo de Palais, antes de ir a conocer la ciudadela Vauban a la que se accede por la puerta de la torre maestra. Esta construcción es impresionante, sobre todo desde el camino de ronda y tiene unas magníficas vistas al puerto.
Aquí vivió Sarah Bernhardt
Nos dirigimos hacia el Noroeste en dirección a Sauzon, un puerto pintoresco y un alto imprescindible de la isla, sobre todo por la noche. El muelle está lleno de cafés y restaurantes con terraza. Desde ahí, la punta de los Poulains se halla a solo tres kilómetros. Este cabo salvaje se hizo famoso gracias a la actriz Sarah Bernhardt, que vino a vivir aquí a finales del siglo XIX. Su propiedad está abierta al público desde 2007.
Un isla con dos caras
Acantilados escarpados y un mar desenfrenado… es un paisaje de la costa salvaje que conquista por su fiereza y sus espléndidas panorámicas al gran faro, a las rocas de la gruta del Apothicaire, las vistas a Port-Coton y a Port-Boulphar… Estos paisajes contrastan con la calma de la fantástica playa de Bordadoué y la de Grands-Sables, ideal para familias, en especial cuando la temporada veraniega termina.




