Pont-Aven

Inspiradora

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Esta ciudad pequeña, recovecada en el estuario del río Aven, debe su notoriedad a la escuela de pintores que tuvo a Gauguin por maestro. Paseando junto a la ría, cruzando los puentes y pasarelas, resulta fácil imaginar cómo la poesía de los paisajes y la luminosidad de este puertecito fascinaban a los artistas.

De la ciudad de los molinos a la ciudad de los pintores

El río Aven cruza la ciudad y pasa de río caprichoso a estuario tranquilo afectado por las mareas y habitado por algunos barcos. El agua salta entre los bloques de piedra redondeados y hace girar una o dos ruedas de molino, testigos de los 14 molinos que se conservan en activo. En el siglo XIX, la colonia artística que hizo escuela en este sitio bucólico, imprimió nuevos colores al pueblo. En la actualidad, las galerías de arte perpetúan el espíritu bohemio de antaño.

Una escuela muy libre

En busca de recursos y de temas «exóticos», los pintores llegaron a Pont-Aven a partir de 1860. Gauguin fue más aventurero que otros pintores de su época y fundó la Escuela de Pont-Aven en 1886. Desde la pensión Gloanec donde vivían, los pintores arrastraban su caballete hacia el Bosque de Amor. Actualmente, un delicioso sendero permite conocer sus lugares de inspiración. En el centro de la ciudad, lleno de galerías, un museo retrata esa época creativa.

Devorar con la mirada

Pont-Aven es un lugar ideal para pasar de los paisajes enmarcados a los paisajes al natural. El paseo Xavier-Grall conduce de una orilla a otra por puentecillos escondidos, junto a los lavaderos, canales y compuertas que riegan los vestigios de los molinos. Las orillas floridas colorean los muretes y los puentes de piedra. En el agua, una roca gigantesca conocida como el «zueco de Gagantúa»» recuerda que los héroes legendarios conocían ya lugares suntuosos.

A unas pinceladas…

Por encima del Bosque del Amor, la capilla de Trémalo se esconde tras las cortinas de hayas y robles. Su curioso techo asimétrico se inclina casi hasta el suelo por el lado Norte. Gauguin hizo famoso el crucifijo policromo de la nao en su cuadro El Cristo amarillo. Siguiendo río abajo, aparece un bonito molino del siglo XV activado por la marea, junto al castillo de Hénant. Al llegar al mar, la encantadora playa de Port-Manech está salpicada de casetas de baño blancas.

¿Lo sabías?

No podrás comerte solo una

Para descansar entre las visitas a las galerías o para dejar pasar la aglomeración de turistas a ciertas horas del verano, tómate unas galletas de Pont-Aven: ¡Aquí las llaman Traou-Mad y son deliciosas, crujientes y sabrosísimas!

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