Riec-sur-Belon
Plana, pero con relieve
Entre las orillas del Aven y del Belon, Riec es la capital de la de la famosa ostra plana. Se pueden comprar directamente a los ostricultores, una buena excusa para saborear los encantos de estas orillas y hacer escala en puertos diminutos. Los gastrónomos quedarán tan satisfechos como los artistas.
En tierras de Avens
Junto a Quimperlé y Pont-Aven, Riec-sur-Belon se encuentra en el corazón de un dédalo de rutas secretas y senderos que vagabundean entre puertos minúsculos. En los avens, primos lejanos de los fiordos, el agua de mar sube por el estuario y río arriba, dando lugar a paisajes muy sugestivos. Estos lugares inspiraron tanto a los pintores de la Escuela de Pont-Aven como a estetas gastronómicos. El famoso gastrónomo Curnonsky halló refugio en el albergue de Mélanie Rouat entre 1940 y 1944.
Ostras con aroma de avellana
Al cabo de tres años, las ostras planas nacidas en otras aguas bretonas llegan a los criaderos ostrícolas que ocupan 4 km ante las costas. Aquí las ostras acaban de madurarse aprovechando esa mezcla de agua salada y dulce que se mezcla dos veces al día con la marea. Este “tratamiento” les da ese sabor tan especial a avellana. Aún son más sabrosas si se saborean en una terraza frente al mar.
Con la cara al viento y los pies sobre la orilla
En la costa rocosa que bordea el océano desde lo alto y las voluptuosas orillas de los avens abundan parajes encantadores. Entre ellos no dejes de visitar los puertecitos de Rosbras y Belon. Tras seguir una adorable carretera con bonitos chamizos, llegarás a Rosbras y sus coloridos muelles ante la ensenada de Kerdruc. Un bar formidable te dará ocasión de apreciar todo este panorama mientras te relajas. A partir de Belon, con una luz impresionante, una bonita escapada sigue el río hasta alcanzar la punta de Penquernéo, donde un antiguo fuerte vela la unión de los dos estuarios y permite gozar de vistas fantásticas.




