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Camaret‑sur‑mer y Crozon Un amplio abanico de puntas rocosas
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Camaret‑sur‑mer y Crozon

Formando una gigantesca cruz en el mar de Iroise, la península de Crozon presenta un resumen de Bretaña. En sus paisajes se alternan los acantilados espectaculares, las landas de brezos, las aguas turquesas y las playas agradables. Puntos de partida para el descubrimiento: los encantadores puertecitos de Camaret o de Morgat.

Un abanico de puntas rocosas

Un puerto típico de múltiples colores y humores

En la punta oeste de la península, Camaret es un puerto típico en el que apetece dar un paseo por los animados muelles, flanqueados por casas de colores. En el espigón, la capilla de Notre-Dame de Rocamadour es famosa por sus maquetas de barcos, colocados allí como ofrendas. El paseo se alarga hasta la torre Vauban, llamada “torre dorada” por su tono ocre. Declarada como patrimonio mundial por la Unesco, antaño protegía el canal de Camaret y la entrada al puerto de Brest. Si se quiere disfrutar de una visión romántica, hay que dirigirse al cementerio marino, en el que las siluetas de los barcos reposan sobre la orilla.

El cabo de la Cabra: un balcón sobre el horizonte

Unos acantilados de unos 100 metros de altura, que se hunden en el mar, una vista sobre la bahía de Douarnenez y la rada de Morgat… El panorama es sobrecogedor. Cuando el día está despejado, se pueden ver las islas de Sein, de Ouessant y de Molène. Para hacerse con la verdadera dimensión del lugar, hay que fundirse con él y respirar el tonificante perfume de la espuma marina. Un camino costero entre la landa y los pinos marítimos multiplica los puntos de vista. Hay que visitarlo en temporada baja o muy temprano por la mañana, cuando el lugar aún se encuentra en estado salvaje.

¡Senderismo recorriendo las puntas!

Para los amantes del senderismo, recorrer el cabo de la Cabra es imprescindible. De Morgat al castillo de Dinan, hay un buen paseo por el sendero costero balizado; el camino de vuelta se hace por la landa. No puede perderse la punta de Saint-Hernot, la magnífica rada de Porz-Creguen y el promontorio que domina la playa de La Palue. El GR 34 también recorre las puntas del Grand Gouin, Toulinguet… El espectáculo es permanente. Es imposible no enamorarse de la punta de Pen-Hir y de sus cuatro islotes conocidos como los “Montoncitos de guisantes”. Con su pico de 70 metros de altura, es la punta más impresionante.

Paredes de gres y voladizos rocosos, vistos desde el mar

En verano, con salidas desde el puerto de Morgat, unas lanchas te invitan a descubrir las leyendas de las grutas del cabo. En el programa destacan la Gruta del altar, con una profundidad de 80 metros, o la suntuosa ensenada de la isla Vierge. Esta excursión permite disfrutar de otra vista sobre este magnífico lugar, que cautiva por igual a marineros, senderistas y valientes escaladores.

¿Lo sabías?

¡Decenas de menhires!

Hay unos cien menhires en las alineaciones de Lagatjar, las más importantes de la región. Se volvieron a erguir en 1928 y algunos de ellos superan los 3 metros de altura. Su peculiaridad es su disposición perpendicular.

Web Oficial de Turismo de Bretaña