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Sables‑d’Or‑les‑pins Un pueblo costero con múltiples facetas y una historia única
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Sables‑d'or‑les‑pins

Esta estación goza de un entorno privilegiado, playa, clima templado, una elegancia eterna… En plenos locos años 20, el hombre y la naturaleza se unieron para formar una costa de una belleza sobrecogedora. Su trabajo conjunto permite hoy disfrutar de un patrimonio balneario histórico y actividades al aire libre en un litoral auténtico donde descubrir y dejarse sorprender.

Un pueblo costero con múltiples facetas y una historia única

Paseos por la Belle Époque

De 1922 a 1924, en la gravera de Minieu, dos promotores en busca de armonía deciden sublimar las dunas, el mar y el bosque. Erigidos en la arena en la década de 1920, dos estilos arquitectónicos se conservan integrados en el paisaje costero. Caminar por las avenidas te permitirá comparar los encantos de las villas anglonormandas y los de las mansiones Art Déco. Entre pinos y muretes, destacan cornisas, mosaicos y ventanas miradores. Una naturaleza exuberante particularmente animada en verano. Hoteles, mansiones y jardines donde se dan cita los famosos, frente al mar salpicado de islotes.

 

La playa, la perla de tu escapada

Esta inmensa playa de arena fina, una de las más bellas de Bretaña, es sin duda el plato fuerte de tus vacaciones. Lugar de contemplación y de animación, es fruto de un vasto conjunto de dunas esculpido por el viento, el oleaje y los sueños del hombre… Su largura y sus curvas que suavizan las olas la convierten en un lugar ideal para carro de vela, kitesurf y windsurf y muchas otras actividades para ver o practicar junto a la orilla o en las aguas azul esmeralda. La playa se extiende a lo largo de una lengua de arenas y rocas que conecta el islote Saint-Michel y su capilla con el continente, adonde se puede llegar a pie con marea baja.

 

Por el puente de la laguna

Paseando a pie se pueden descubrir otras joyas en la costa y detrás de las hileras de coníferas. Los senderos se alejan poco a poco del mar y discurren entre campos y páramos. Siguiendo la antigua vía férrea «Erquy Matignon», la vía verde V4 conduce hasta un lugar insólito. A solo unos pasos de las calles, la laguna susurra al ritmo de las mareas. Cual lago marítimo acordonado por bancos de arena, este increíble rincón de la naturaleza exhibe una vegetación endémica. Por el camino, el puente du Marais ofrece una panorámica única de la laguna.

 

¡Rumbo a los cabos!

A pie por el GR 34 o en bici (¿eléctrica?), alternando vías verdes y carreteras secundarias, otros circuitos desvelan paisajes de lo más coloridos donde se suceden pueblos, rocas veteadas de rosa, horizontes azul intenso, dunas blanqueadas por el sol… En los cabos de Erquy y Fréhel, la costa adquiere una nueva dimensión. Los vertiginosos acantilados caen sobre el mar e invitan a disfrutar de las espectaculares vistas con las aves.

¿Lo sabías?

El himno de las vacaciones

Cuando Etienne Daho cantaba A Sables d’Or près des dunes en 1985, el cantante de Rennes se refería a la playa de la estación balnearia del departamento de Côtes d’Armor. Unas letras que evocan el ambiente vacacional, con un toque elegante y romántico.

Web Oficial de Turismo de Bretaña
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