© DERENNES Yannick
Pasteles y delicias azucaradas bretonas Una pausa dulce para los golosos

La Repostería tradicional bretona

¡No hay nada mejor que un bocado dulce después de la comida o para deleitarse en cualquier momento del día! En Bretaña, los pasteles y los bizcochos son conocidos por su ingrediente estrella: la mantequilla. Los pasteles y dulces bretones, también llamados lichouseries (del bretón lichou, que significa goloso), cuentan con muchos adictos y son uno de los mejores recuerdos de vacaciones.

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El Kouign-amann

Sin duda, este pastel inventado en Douarnenez en 1865, hará relamerse a todos los golosos. Sus ingredientes son simples, pero su elaboración requiere de mucha destreza, y hay un dicho que reza: «le fait qui veut, le réussit qui peut» (quien quiera hacerlo, lo hará, pero de ahí a hacerlo bien…) Se trata de una masa de pan que se unta con azúcar y mantequilla salada de granja y se pliega una y otra vez, lo que le da una consistencia ligeramente hojaldrada. El éxito de este pastel depende esencialmente de la calidad de la mantequilla salada y del tiempo de descanso de la masa. Durante la cocción, la mezcla de mantequilla y azúcar se funde confiriéndole al pastel una textura tierna por dentro y caramelizada por fuera. ¡Imposible resistirse a esta delicia! Podrás degustarlo en cualquier rincón de Bretaña, pero sobre todo, en Cornualles, donde panaderos y pasteleros se encuentran agrupados en la asociación del «Auténtico kouign-amman de Douarnenez» para descubrir esta especialidad, ya que es una verdadera institución.

El far bretón

El far bretón es un gran clásico. Su receta es muy fácil. Lleva harina, huevos, leche – preferentemente entera para aportar cremosidad -, mantequilla y azúcar. Se cocina en el horno (de donde proviene su nombre bretón farz forn que significa far en el horno). ¡Simple y delicioso! En su versión más conocida, lleva ciruelas secas que, mucho tiempo atrás, los marinos secaban en sus viajes, lo que agrega un toque afrutado a la receta tradicional. Puede también perfumarse con un chorrito de ron o acompañarlo con uvas pasas. Al ser tan completo es perfecto para llenar el estómago de los golosos en la merienda.

 

El pastel bretón

Originario de la región de Lorient, el pastel bretón es un generoso sablé de mantequilla salada, cuya corteza se decora con surcos dibujados con un tenedor. Antiguamente se consideraba como un «pastel de viaje», pues se conservaba durante varias semanas, lo que lo convertía en el dulce preferido de los navegantes. Este gran bizcocho, de 12 a 15 cm de diámetro y de 3 a 4 cm de espesor, debe contener, al menos, un 20 % de mantequilla para poder llamarlo «pastel bretón». Muchas veces, se rellena con crema de ciruelas secas o caramelo de mantequilla salada. El pastel bretón participa en numerosos concursos y su hermandad defiende la receta de este pastel emblemático a capa y espada.

El Fondant Baulois

Este pastel de chocolate encierra, dentro de su corteza fina y ligeramente merengada, una textura de gusto inimitable con una pizca de caramelo de mantequilla salada. Su autenticidad se reconoce por su sello rojo. Con un guiño a las emblemáticas casetas de playa de La Baule, este pastel se vende en una bonita caja de rayas azules y blancas.

Los bizcochos bretones

Para acompañar un café o un té, o para deleitar a los niños a la hora de la merienda, los numerosos bizcochos bretones nacen de recetas e ingredientes simples, entre ellos, el inevitable bizcocho de mantequilla salada. La galette (torta) bretona, en su versión más básica, redonda, fina, dentada o no, alcanzó la fama gracias a las célebres galettes de Pont-Aven, creadas por Isidore Penven en 1890. Más fino y más crujiente que la galette, el punch es una especialidad del centro de Bretaña. El palet bretón, por su lado, bizcocho grueso de mantequilla salada de más de un centímetro, fue inventado en 1920 por Alexis Le Villain, panadero de Pont-Aven que lo bautizará como Traou Mad (literalmente, «cosas buenas»). Toma su nombre y su aspecto del juego tradicional que consiste en lanzar discos (palets) de hierro sobre una tabla. Otra especialidad que no puedes dejar de degustar es la cigarette pur beurre de baratte (cigarrillo puro de mantequilla de mantequera), enrollada a mano y que dio nombre a la bizcochería La Trinitaine en 1950.

La crepe dentelle

Esta crepe fue inventada en 1886 por la crepera Marie-Catherine Cornic quien olvidó una crepe en la bilig. La crepe dentelle (encaje) es un dulce ligero y dorado que se enrolla ocho veces sobre sí mismo. Este bizcocho que es un guiño a la danza bretona tradicional de ocho tiempos es más conocido por el nombre Gavotte. Los Gavottes también se perfuman con chocolate y se degustan en versión salada en el aperitivo.

 


Delicias azucaradas bretonas

El caramelo de mantequilla salada 

Henri Leroux, chocolatero de Quiberon, elaboró la receta de este dulce que alcanzó un gran éxito. El CBS® nació con el caramelo de mantequilla semisalada relleno con nueces, avellanas y almendras molidas. En 1980, ganó el premio al Mejor Caramelo de Francia. De esta receta se desprendieron numerosas variantes para degustar en forma de caramelos, en coberturas para crepes y helados… o simplemente para comer con una cuchara.

Las niniches

Bretaña también tiene sus propias piruletas que toman el nombre de niniches. En Quiberon, la confitería la Maison d’Armorine propone unas cincuenta niniches, producto de recetas originales a base de caramelo o con frutas. En 1974, en La Baule, la niniche se vuelve tierna y rellena en la Confiserie Manuel. Ensartada en un palito de madera, ofrece veinte sabores y colores diferentes.

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