Ya sea para comer, almorzar o cenar, ¡siempre hay una buena razón para ir a Alé!
Si se pregunta de dónde viene Alé, no es más que un anagrama de Léa, su propietaria. En su luminoso y acogedor establecimiento, en el que priman las plantas y los productos locales, los clientes habituales del barrio acuden en masa a comer y cenar. En el menú: huevo pasado por agua marinado con soja y jengibre, crema de alcachofa de Jerusalén y condimento de sésamo negro; bourguignon de zanahoria, setas al perejil, puré de patatas y condimento verde; y para redondear la comida, panna cotta de frutos rojos con almendras fileteadas. Cada 15 días se organiza un brunch para gourmets. Una dirección de Brest que se ha convertido en una cita ineludible para los vegetarianos. ¡Alé!
