La vuelta al mundo… ¡sin salir de la rada!
Por la mañana, prepárate para sumergirte en las profundidades de los océanos. Situado a orillas de la rada de Brest, Océanopolis no se parece en nada a un acuario clásico. Aquí, podrás descubrir la inmensa riqueza y variedad del medio marino, apreciar la diversidad de especies tropicales, polares, continentales… y, por supuesto, ¡bretonas! ¿Quieres un buen consejo? Asiste a la alimentación de las focas y descubre sus peculiaridades en compañía de un mediador científico. ¡No te lo pierdas!
Por la tarde, pasea por el puente Albert-Louppe, habilitado para la circulación de peatones y ciclistas, desde donde disfrutarás de una panorámica excepcional de toda la rada y fíjate de paso en su vecino atirantado, el puente de Iroise. ¡Una obra de ingeniería de lo más elegante!
¿Te gusta caminar? Entonces sigue la ruta que sale del Passage, a lo largo del río Élorn, y contempla a tu ritmo la sucesión de diques de madera, prados salados, marismas, calas… ¡Otra manera de disfrutar de la rada de Brest!