© Binic-Etables sur Mer - Le port de Binic | Emmanuel Berthier

Binic – Etables‑sur‑mer

Un pequeño puerto con mucho encanto

Pueblo costero familiar, Binic – Etables-sur-mer realza el acceso a la costa de Goëlo. El puerto, los muelles y las playas de arena fina están unidos por el GR 34, que se aventura a lo largo de un litoral recortado. El camino se extiende entre la historia de la pesca a gran escala y los placeres costeros.

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Pueblecito medieval, Binic creció hasta convertirse en uno de los puertos de pesca más importantes de Francia. Las campañas de los “terre-neuvas” le garantizan esa categoría. En el muelle Jean Bart, las hermosas casas de los armadores del siglo XVIII, de granito y esquisto, son testigos vivos de esta próspera actividad. Durante el siglo XX, este pueblo se convirtió en un agradable puerto deportivo y en una encantadora localidad costera. Los barcos siempre se refugian detrás del gran embarcadero de 350 metros, llamado por los habitantes de Binic “la gran muralla”.

Relajación en la arena

Al otro lado del muelle, la playa del puerto exterior espera a toda la familia. Bordeada por rocas y casetas de madera verde, y coronada por pinos, la playa cuenta con un aspecto muy simpático. En el centro urbano hay una segunda playa. Su piscina de agua de mar, su paseo y los chalets que la bordean confirman la vocación costera del pueblo. En un decorado más natural, la playa de Corps de Garde se extiende al pie de la punta de la Rognouse. Enclavada al final del barrio de Godelins, la playa homónima es sorprendentemente grande en marea baja. Sus cabinas de baño y su rotonda le confieren un encanto único. La playa del Moulin es ideal para disfrutar en familia. Fácil de acceder, con aparcamientos, aseos y duchas, a la sombra y con una suave pendiente.

Un camino con vistas a la bahía

Entrando y saliendo de la localidad para unir las playas, el GR 34, o sendero de los Aduaneros, avanza recorriendo toda la costa y ofrece grandes vistas de la zona costera y la bahía de Saint-Brieuc. Al final del invierno, las mimosas dan color a las inmediaciones del camino alternándoselas primero con la aliaga y posteriormente con los brezos. El mar y el páramo perfuman sus paseos. Si tus piernas prefieren pedalear, hay circuitos de bicicleta de montaña que se adentran en el campo, hacia los bosques y los estanques de Lantic.

¿Lo sabías?

Un mercado histórico

El mercado de Binic da continuación a una tradición muy antigua: ya en el siglo XVI, había ferias que reunían en los muelles los productos de la tierra, del mar, de los comercios y de los armamentos de las navieras. Esto servía, en particular, para avituallar los barcos que iban a zarpar.

Museo, mercado, fiestas…

En el Museo de Arte y Tradiciones Populares podrás viajar por el tiempo y descubrir la vida rural y marítima del siglo XIX, así como las culturas y los productos ancestrales. Y para saborear estas delicias ancestrales, la mantequilla, la sidra o el trigo sarraceno, no hay nada como el mercado: el martes y el domingo en Etables y el jueves en el puerto de Binic, uno de los mayores mercados de la región. En verano, la vida bulle con los más de 200 comerciantes que ocupan los muelles y las calles peatonales, así como una multitud de eventos nocturnos: terrazas, conciertos, fuegos artificiales, el festival Morue en Fête o el festival Binic Folks Blues… ¡una gozada!

 

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