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LAMOUREUX Alexandre

5 leyendas bretonas que estremecen

Gritos de vampiro en la tormenta. Sudarios secándose a la luz de la luna. Faros malditos Bretaña es una tierra de leyendas donde se gestan fábulas sobrecogedoras. Mejor no merodear por ahí a ciertas horas del día: la prueba en 5 leyendas y cuentos bretones. Relatos fascinantes que trascienden generaciones… y ponen los pelos de punta.

De un vistazo

1. Las Lavanderas de la noche

En la comarca de Brocéliande, trabajan por la noche a orillas del río, frotando la colada. Pero lavar a la luz de la luna, no parece precisamente un buen plan. Acércate. Es lo que parece: están lavando sudarios. No son sábanas. Qué mal rollo ¿verdad? ¿Les echarías una mano? Ni te lo plantees. Mantén a salvo tus brazos, pues te los romperían antes de forzarte a retorcer la ropa de los muertos. De repente, entre chapoteos, se escucha un antiguo cántico en bretón, capaz de helar la sangre incluso de valientes como tú. Un encuentro que debes evitar, a menos que quieras enfrentarte a tu peor pesadilla.


2. El pan de muertos en Locronan

Bienvenido a Locronan. Con sus callejuelas empedradas, su corazón de granito, su pan de muertos… ¿¡Su qué!? Te lo explicamos: para los celtas, la ciudad ya era un lugar sagrado. Aquí, el 1 de noviembre no se limita a la festividad de Todos los Santos. Se celebra Samain, el Año Nuevo celta, ese momento en que se difumina la línea entre el mundo de los vivos y los muertos. El domingo siguiente se reparte el pan de muertos de casa en casa. Con una lágrima de azúcar, para endulzar las penas. Un ritual solemne y misterioso, como un eco procedente del más allá.

3. El fantasma de Tévennec

Imagínate pasar noches enteras en un faro, en medio del océano. El rugido del viento, olas desbocadas… En definitiva, un escenario indómito. Además de otro detalle: en el faro de Tévennec, situado en el paso marino de Raz de Sein, frente a la punta del Van, los guardianes nunca han salido indemnes. Algunos perdieron la vida, víctimas de un espíritu invisible que les devoraría el alma sumiéndolos en la más absoluta locura. Se rumorea que el faro está maldito. Hoy en día está automatizado, ¡menos mal! ¿Casualidad? ¿O la única manera de evitar que el espectro reincida?

4. El vampiro de la isla de Sein

En la Edad Media, un monje criminal fue exiliado a la isla de Sein. Para siempre. ¿Su castigo? Vagar por toda la eternidad y alimentarse de la energía de los vivos. Desde entonces, cuando se acerca la tormenta, su sombra acecha en callejones y costas. Créenos: hemos sentido su aliento helado en la nuca durante la noche. Un auténtico vampiro celta. Por si fuera poco, la isla fue en su día un santuario druídico. Ni que decir tiene que, en las noches de tormenta, incluso los más escépticos cierran las puertas a cal y canto. Escalofríos garantizados.


5. Thiercelieux frente al océano

Bajo su sombrero de ala ancha, se oculta algo más que unas greñas. El Bugul-noz, «pastor de la noche» en Bretaña, es una criatura parecida al hombre lobo. Merodea con un abrigo oscuro por los bosques y campos de Morbihan, cerca de Vannes. Ojo con los niños que corretean fuera al anochecer: un silbido y ¡zas!… los engulle. La misma suerte correrían los pescadores rezagados. La leyenda, que antes se contaba a los niños, llega hoy a la televisión francesa de la mano de la serie Anaon. ¿Listo para revivir tus peores pesadillas?


Preguntas frecuentes:

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