© Emmanuel Berthier
Seis bonitos puertos bretones Escalas entrañables

Seis bonitos puertos bretones

Con sus muelles bordeados de terrazas, sus coloridas callejuelas, sus pontones que se acercan suavemente al mar, los pequeños puertos bretones son irresistibles. Paisajes de postal en la costa que son, sin embargo, espacios vitales muy animados. Te enamorarás del encanto y la atmósfera de estos seis puertos, algunos de los más pintorescos de la región.

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1. Saint-Goustan, el medieval

Uno casi se esperaría ver desembarcar barriles de sal y de vino. Con su puente de piedra, sus muelles adoquinados y sus casas de entramado de madera, el puerto de Saint-Goustan, en Auray, ha conservado su encanto medieval. En el fondo del río Loc’h, este antiguo puerto pesquero y de comercio es un barrio aparte donde es agradable pasear. Piérdete por sus callejuelas empinadas, refugio de artistas. Cafés y creperías animan alegremente la plaza Saint-Sauveur y el muelle de Franklin. Desde las rampas de Loc’h se puede apreciar una vista desde lo alto del golfo de Morbihan, una cita ineludible.


2. Doëlan, una perla al fondo de su ría

Custodiado por sus dos faros, uno rojo y el otro verde, el puerto de Doëlan se enrosca en una profunda ría en la costa sur, en Clohars-Carnoët. Un marco fotogénico natural a voluntad. El contraste es sorprendente entre las colinas de un verde luminoso, sobre el que destacan las casas blancas, y el mar turquesa. Este típico puerto perpetúa una actividad pesquera artesanal. No te pierdas, al final de la tarde, el retorno de los barcos de pesca con redes y con nasas. En la orilla derecha, incluso puedes comprar peces pequeños y crustáceos directamente a los pescadores. ¡Frescura garantizada!


3. Sauzon, la postal

¡Sería difícil hacerlo más pintoresco! Al noroeste de Belle-Île-en-Mer, Sauzon es un puerto bretón tal como uno los imagina. Muelles llenos de nasas y redes de pesca, bordeados de casas con tonos pastel y postigos pintados con los restos de la pintura utilizada para los barcos. En los amarraderos, coquetos botes pequeños reposan junto a hermosos veleros de recreo… Disfrutarás tanto de la animación veraniega como de la tranquilidad que se respira el resto del año. Simplemente siéntate en una terraza y disfruta.


4. Camaret, el puerto refugio

En el fin del mundo, en la península de Crozon, Camaret-sur-Mer goza de una situación geográfica excepcional. Este hermoso puerto de ciudad está protegido tanto por la punta de Gran Gouin como por un largo cordón natural de guijarros. Es obligado el paseo por este «surco» hasta la majestuosa torre Vauban, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y la emblemática capilla de Notre-Dame de Rocamadour. No te pierdas el cementerio de barcos, testigos del pasado del puerto langostero de Camaret. A lo largo de los muelles, cafés y restaurantes con fachadas de colores te esperan para tomar un descanso mientras observas el baile de los barcos y las gaviotas.


5. Sainte-Marine, entre estuario y mar

Una cala que desciende hasta la desembocadura del Odet, barcos calados pacíficamente y otros secándose al sol, un Refugio de marineros con paredes rosadas… En el bonito puerto de Sainte-Marine, en Combrit, todo te hace cambiar de ritmo. Podrás disfrutar de un café con el sol de la mañana o un aperitivo entre amigos por la noche. Desde el muelle, a la sombra de los viejos robles, es impresionante la vista del moderno Bénodet, al otro lado del río. Se llega en apenas cinco minutos en transbordador.


6. Dahouët, cargado de historia

Corbetas y goletas solían zarpar de aquí hacia Terranova e Islandia, donde abundaba el bacalao. Hoy, las embarcaciones de recreo han sucedido a los navíos y se pueden ver amarrados en la dársena de Salines. Escondido en un puerto natural en la punta de Pléneuf, el puerto de marea de Dahouët no ha perdido nada de su encanto. Disfruta de un paseo por el muelle de Terras-Neuvas bordeado por las lujosas casas de los armadores. Para viajar en el tiempo, embarca en el Pauline, una chalupa con hermosas velas rojas, emblema del puerto.

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