Brest

En el centro de la bahía y con la mirada en el futuro

Foto 1 Brest Foto 2 Brest Foto 3 Brest Foto 4 Brest

Brest es una ciudad cuyo corazón aún late al ritmo de las mareas y se encuentra en una de las ensenadas más bonitas de Francia. Visita el puente del Iroise, date un paseo por los muelles hasta el castillo-museo o diviértete en el Oceanópolis. No te arrepentirás.

Brest es la segunda ciudad administrativa de Bretaña y gana cuando se la conoce. La ciudad sufrió los bombardeos de 1944, pero actualmente su particularidad se halla en otro lugar. Es una ciudad que mira al futuro, que sorprende por sus impresionantes construcciones, como el puente del Iroise: un puente soberbio de tirantes inaugurado en 1994 para superar el río Elorn. Toda una proeza técnica. Admíralo desde el puente Albert Louppe (exclusivo para bicicletas y peatones). Desde ahí también se domina la ensenada de Brest.

Pasear por los muelles

Resulta imposible hablar de Brest sin recordar su puerto comercial. Un paseo por el animadísimo muelle del Commandant-Malbert te dará una de las mejores imágenes de la ciudad. Desde aquí, se pueden admirar el centenar de boyas multicolores, los faros y balizas de Finisterre, los astilleros navales de madera y la mítica goleta La Recouvrance, así como el Abeille-Flandres (uno de los remolcadores más potentes del mundo).

Único en Europa

Pero no te detengas, continúa paseando. El gran dique del puerto comercial conduce prácticamente a los pies del castillo y su museo de la Marina. Y no te vayas de Brest sin visitar el Oceanópolis: un parque acuático que recrea los océanos del mundo (único en Europa), con enormes acuarios y una clínica para focas. ¡Hasta podrás tocar algunas especies de la fauna marina!

¿Lo sabías?

¡Mil millones de truenos… de Brest!

El capitán Haddock de Tintín solía utilizar la expresión "¡Mil millones de mil truenos!". En realidad esa expresión corresponde a la traducción del francés “¡Trueno de Brest!”, que hace referencia a los cañonazos que durante casi tres siglos todos los días (a las 7 de la mañana y a las 7 de la tarde) marcaron el ritmo de Brest.